En el capítulo anterior el Señor de la Muerte instruyó a Nachiketa acerca de la naturaleza y la gloria del Ser. Ahora muestra la razón por la cual la mayoría no ve al Ser. Es porque la mente del hombre es atraída constantemente hacia fuera por los canales de los sentidos, y esto le impide ver al Ser interior (Pratyagatman); pero de vez en cuando un buscador, más sabio que los demás, se vuelve hacia dentro y alcanza la visión del Ser inmortal.
II
Los niños (los ignorantes) persiguen placeres externos; (así) caen en la extensa trampa de la muerte. Pero los sabios, conociendo la naturaleza de la inmortalidad, no buscan lo permanente entre las cosas fugaces.
Quienes carecen de discernimiento y no distinguen entre lo real y lo irreal, lo fugaz y lo permanente, ponen su corazón en las cosas cambiantes de este mundo; por ello se enredan en la red del deseo insaciable, que conduce inevitablemente a la decepción y al sufrimiento. Para ellos la muerte debe parecer una realidad, porque se identifican con aquello que nace y que muere. Pero los sabios, que ven más hondo en la naturaleza de las cosas, ya no se dejan engañar por el encanto del mundo fenoménico y no buscan la felicidad permanente entre sus goces pasajeros.
III
Aquello por lo cual se conoce la forma, el sabor, el olor, el sonido, el tacto y los goces de los sentidos, por Aquello se conoce también todo lo que queda (por conocer). Esto es, en verdad, Aquello (que has pedido conocer).
IV
Aquello por lo cual el mortal percibe, tanto en el sueño como en la vigilia, conociendo a ese gran Atman que todo lo impregna, el sabio ya no se lamenta.
En estos versos el maestro procura dejar claro que todo conocimiento, así como toda percepción sensorial, en cada estado de conciencia (dormido, soñando o despierto), es posible únicamente porque el Ser existe. No puede haber conocimiento ni percepción independientes del Ser. Los sabios, conscientes de ello, se identifican con su Ser Superior y así trascienden el reino del dolor.
V
Quien conoce a este Atman, el que come la miel (el que percibe y disfruta los objetos), siempre cercano, como señor del pasado y del futuro, ya no teme. Esto es, en verdad, Aquello.
VI
Quien Lo ve asentado en los cinco elementos, nacido del Tapas (el fuego de Brahman), nacido antes que el agua; que, habiendo entrado en la cueva del corazón, mora en ella: esto es, en verdad, Aquello.
Este verso indica que Él, el gran Ser, es la causa de todos los objetos creados. Según los Vedas, su primera manifestación fue Brahma, el Dios personal o Creador, nacido del fuego de la sabiduría. Existía antes de la evolución de los cinco elementos (tierra, agua, fuego, aire y éter); por eso fue «nacido antes que el agua». Es el Ser que mora en el corazón de todas las criaturas.
VII
Quien conoce a Aditi, que surge con Prana (el Principio de la Vida), existente en todos los Devas; que, habiendo entrado en el corazón, mora allí; y que nació de los elementos: esto es, en verdad, Aquello.
Este verso es algo oscuro y parece una ampliación interpolada del verso anterior.
VIII
El fuego que todo lo ve, que existe oculto en los dos maderos, como el feto es bien protegido en el vientre por la madre, ese fuego debe ser adorado día tras día por los buscadores (de sabiduría) vigilantes, así como por los oferentes de sacrificios. Esto es, en verdad, Aquello.
Se llama al fuego «el que todo lo ve» porque su luz hace visible todas las cosas. En los sacrificios védicos el fuego del altar se encendía siempre frotando dos maderos de una clase especial de leña llamada Arani. Como el fuego era considerado uno de los símbolos más perfectos de la sabiduría Divina, debía ser adorado por todos los buscadores de la Verdad, ya siguieran el sendero de la meditación o el de los rituales.
IX
De donde sale el sol y adonde va al ponerse, en Aquello se apoyan todos los Devas. Nadie va más allá de Aquello. Esto es, en verdad, Aquello.
X
Lo que está aquí (en el mundo visible), eso mismo está allí (en el invisible); quien ve diferencia (entre lo visible y lo invisible) va de muerte en muerte.
XI
Sólo por la mente puede realizarse esto. No hay diferencia alguna (entre lo visible y lo invisible). Quien ve diferencia aquí (entre ellos) va de muerte en muerte.
Ante la mirada de la verdadera sabiduría, no hay diferencia entre el creador y lo creado. Incluso la ciencia física ha llegado a reconocer que la causa y el efecto no son sino dos aspectos de una sola manifestación de energía. Quien no logra ver esto, absorto sólo en lo visible, va de muerte en muerte; porque se aferra a las formas externas, que son perecederas. Sólo la esencia que mora en el interior es inmutable e imperecedera. Este conocimiento de la unidad de lo visible y lo invisible, sin embargo, no puede adquirirse mediante la percepción de los sentidos. Sólo puede alcanzarse con la mente purificada.
XII
El Purusha (el Ser), del tamaño de un pulgar, reside en medio del cuerpo como señor del pasado y del futuro; (quien Lo conoce) ya no teme. Esto es, en verdad, Aquello.
Se dice que la sede del Purusha es el corazón, por lo cual «reside en medio del cuerpo». Aunque es ilimitado y lo impregna todo, en relación con su morada se Lo representa como limitado en extensión, «del tamaño de un pulgar». Esto se refiere en realidad al corazón, que por su forma puede compararse con un pulgar. Su luz está en todas partes, y sin embargo la vemos concentrada en una lámpara y creemos que está sólo allí; de manera semejante, aunque la corriente vital fluye por todo el cuerpo, se considera que el corazón es particularmente su sede.
XIII
Ese Purusha, del tamaño de un pulgar, es como una luz sin humo, señor del pasado y del futuro. Es el mismo hoy y mañana. Esto es, en verdad, Aquello.
En este verso el maestro define la naturaleza resplandeciente del Alma, cuya luz es pura como una llama sin humo. También responde a la pregunta que Nachiketa formuló sobre lo que sucede después de la muerte, declarando que no tiene lugar ningún cambio real, porque el Alma es siempre la misma.
XIV
Como el agua de lluvia, (al caer) en la cima de una montaña, desciende por las rocas hacia todos lados; así también quien ve diferencia (entre las formas visibles) corre tras ellas en diversas direcciones.
XV
Oh Gautama (Nachiketa), como el agua pura vertida en agua pura se vuelve una con ella, así sucede también con el Ser del Conocedor iluminado (se vuelve uno con el Supremo).
Parte Quinta
I
La ciudad del No Nacido, cuyo conocimiento es inmutable, tiene once puertas. Pensando en Él, el hombre ya no se lamenta; y liberado (de la ignorancia), alcanza la liberación. Esto es, en verdad, Aquello.
Este cuerpo humano se llama una ciudad de once puertas, donde mora el Espíritu eterno y no nacido. Estas puertas son los dos ojos, los dos oídos, las dos fosas nasales, la boca, el ombligo, los dos orificios inferiores y la abertura imperceptible en lo alto de la cabeza. El Ser o Atman ocupa en esta ciudad la posición de gobernante; y, estando por encima de las modificaciones del nacimiento, la muerte y todas las imperfecciones humanas, no es afectado por los cambios del organismo físico. A medida que el hombre inteligente, mediante el pensamiento y la meditación constantes, realiza el esplendor de este Espíritu Supremo, se libera de esa parte de su naturaleza que se lamenta y sufre, y así alcanza la liberación.
II
Él es el sol que mora en el cielo luminoso; Él es el aire que mora en el espacio; Él es el fuego que arde en el altar; Él es el huésped que mora en la casa. Mora en el hombre. Mora en quienes son mayores que el hombre. Mora en el sacrificio. Mora en el éter. Él es (todo lo que) nace en el agua, (todo lo que) nace en la tierra, (todo lo que) nace en el sacrificio, (todo lo que) nace en las montañas. Él es lo Verdadero y lo Grande.
III
Él es quien envía hacia arriba el Prana (aliento de vida) (que entra) y arroja hacia abajo el aliento (que sale). A Él, el adorable Atman asentado en el centro (el corazón), lo adoran todos los sentidos.
IV
Cuando este Atman, que está asentado en el cuerpo, sale (del cuerpo), ¿qué queda entonces? Esto es, en verdad, Aquello.
V
Ningún mortal vive por el aliento que entra (Prana) ni por el que sale (Apana), sino que vive por otro del cual ambos dependen.
VI
Oh Gautama (Nachiketa), te declararé el secreto del eterno Brahman y lo que le sucede al Ser después de la muerte.
VII
Algunos Jivas (Almas individuales) entran en matrices para encarnar; otros pasan a formas inmóviles, según sus obras y su conocimiento.
Este texto muestra la aplicación de la ley de causa y efecto a todas las formas de vida. Los pensamientos y las acciones de la vida presente determinan el futuro nacimiento y el entorno.
VIII
El Ser que permanece despierto mientras todos duermen, que concede todos los deseos, Aquello es puro, Aquello es Brahman, sólo Aquello es llamado inmortal. En Aquello descansan todos los mundos. Nadie va más allá de Aquello. Esto es, en verdad, Aquello.