XII
El sabio que, por medio de la más alta meditación sobre el Ser, conoce al Antiguo, difícil de percibir, sentado en el más recóndito retiro, oculto en la caverna del corazón, morando en lo profundo del ser interior, (quien lo conoce) como Dios, queda liberado de las ataduras del gozo y del dolor.
XIII
El mortal que, habiendo oído y comprendido plenamente esto, y habiendo realizado por discriminación el Ser sutil, se regocija, porque ha obtenido aquello que es la fuente de todo gozo. Pienso que la morada (de la Verdad) está abierta para Nachiketas.
Las Escrituras señalan tres etapas en todo logro espiritual. El aspirante debe primero oír hablar de la Verdad a un maestro iluminado; luego debe reflexionar sobre lo que ha oído; después, mediante la práctica constante de la discriminación y la meditación, la realiza; y con la realización llega el cumplimiento de todo deseo, porque lo une con la fuente de todo. Habiendo contemplado esto, el hombre aprende que todos los placeres de los sentidos no son sino reflejos fragmentarios de ese gozo supremo, que solo puede hallarse en el verdadero Ser. Yama asegura a Nachiketas que no hay duda de que realizará la Verdad, porque ha mostrado la más alta discriminación y también firmeza de propósito.
XIV
Nachiketas dijo: Aquello que tú ves, que no es ni virtud ni vicio, ni causa ni efecto, ni pasado ni futuro (sino que está más allá de esto), dime Eso.
XV
Yama respondió: Esa meta que todos los Vedas glorifican, que todas las austeridades proclaman, deseando la cual (los hombres) practican el Brahmacharya (una vida de continencia y servicio), esa meta te la diré brevemente: es Aum.
¿Qué nombre puede dar el hombre a Dios? ¿Cómo puede el Infinito quedar ligado a una palabra finita? Todo lo que el lenguaje puede expresar debe ser finito, puesto que él mismo lo es. Sin embargo, a los mortales les resulta muy difícil pensar o hablar de algo sin darle un nombre definido. Sabiéndolo, los Sabios dieron al Supremo el nombre A-U-M, que es la raíz de todo lenguaje. La primera letra, «A», es el sonido materno, pues es el sonido natural que emite toda criatura al abrir la garganta, y no se puede producir ningún sonido sin abrirla. La última letra, «M», que se pronuncia cerrando los labios, pone fin a toda articulación. Cuando se lleva el sonido de la garganta a los labios, este pasa por el sonido «U». Estos tres sonidos abarcan, pues, todo el campo del sonido articulado posible. Su combinación se llama el Akshara o palabra imperecedera, el Brahman-Sonido o el Verbo Dios, porque es el nombre más universal que se puede dar al Supremo. Por lo tanto, debe de ser la palabra que estaba «en el principio» y corresponde al Logos de la teología cristiana. Es por el significado que todo lo abarca de este nombre por lo que se emplea de manera tan universal en las Escrituras védicas para designar al Absoluto.
XVI
Esta Palabra es, en verdad, Brahman. Esta Palabra es, en verdad, el Supremo. Quien conoce esta Palabra obtiene cuanto desea.
XVII
Este es el mejor Sostén, este es el más alto Sostén; quien conoce este Sostén es glorificado en el mundo de Brahman.
Esta sagrada Palabra es el más alto símbolo del Absoluto. Quien, meditando en Ella, capta su pleno significado, realiza la gloria de Dios y de inmediato ve satisfechos todos sus deseos, porque Dios es el cumplimiento de todos los deseos.
XVIII
Este Ser nunca nace ni muere. No surgió de nada, ni nada surgió de Él. Este Antiguo es no nacido, eterno, perdurable. No es muerto aunque el cuerpo sea muerto.
XIX
Si el que mata piensa que mata, o si el muerto piensa que lo han matado, ambos no saben. Pues Él ni mata ni es muerto.
XX
El Ser es más sutil que lo sutil, más grande que lo grande; mora en el corazón de cada ser viviente. Quien está libre de deseo y libre de pesar, con la mente y los sentidos tranquilos, contempla la gloria del Atman.
Aunque este Atman mora en el corazón de todo ser viviente, no es percibido por los mortales comunes a causa de Su sutileza. No puede ser percibido por los sentidos; se requiere una visión espiritual más fina. El corazón debe ser puro y estar libre de todo deseo egoísta indigno; el pensamiento debe replegarse de todos los objetos externos; la mente y el cuerpo deben estar bajo control; cuando todo el ser se vuelve así calmo y sereno, entonces es posible percibir a ese Atman resplandeciente. Es más sutil que lo sutil, porque es la esencia invisible de todas las cosas; y es más grande que lo grande, porque es el poder ilimitado que sostiene todo el universo; aquello en lo cual descansa toda existencia.
XXI
Aunque está sentado, viaja lejos; aunque yace, va a todas partes. ¿Quién, fuera de mí, es digno de conocer a ese Dios, que es (a la vez) gozoso y sin gozo?
El Ser lo penetra todo; por eso es el que está sentado quieto y el que viaja, el que actúa y el que no actúa. Es a la vez estacionario y móvil, y es la base de todas las formas de existencia; por eso, todo lo que existe en el universo, ya sea gozo o falta de gozo, placer o dolor, debe brotar de Él. ¿Quién puede conocer a Dios mejor que yo mismo, puesto que Él reside en mi corazón y es la misma esencia de mi ser? Tal debe ser la actitud de quien busca.
XXII
Los sabios que conocen al Ser, incorpóreo, asentado en cuerpos perecederos, grande y omnipresente, no se afligen.
Cuando un sabio, mediante la práctica de la discriminación, ha visto con claridad la distinción entre el cuerpo y el Alma, sabe que su verdadero Ser no es el cuerpo, aunque more en el cuerpo. Así, al realizar la naturaleza indestructible y omnipresente de su Ser real, supera todo temor a la muerte o a la pérdida, y ni siquiera la mayor aflicción lo conmueve.
XXIII
Este Ser no puede alcanzarse por el estudio de las Escrituras, ni por la percepción intelectual, ni por oírlo con frecuencia; solo aquel a quien el Ser elige, solo ese lo alcanza. A él el Ser le revela Su verdadera naturaleza.
Podemos imaginar que a fuerza de mucho estudio lograremos descubrir a Dios; pero el mero hecho de oír hablar de una cosa y de alcanzar una comprensión intelectual de ella no significa obtener un verdadero conocimiento de ella. El conocimiento solo llega por la percepción directa, y la percepción directa de Dios es posible únicamente para quienes son puros de corazón y están espiritualmente despiertos. Aunque Él es igual para todos los seres y Su misericordia alcanza a todos, los impuros y los de mente mundana no reciben la bendición, porque no saben abrirle su corazón. A quien anhela a Dios, a ese el Señor lo elige; porque solo a él puede revelarle Su verdadera naturaleza.
XXIV
Quien no se ha apartado de la mala conducta, cuyos sentidos no están dominados, que no está tranquilo, cuya mente no está en reposo, jamás podrá alcanzar este Atman ni siquiera por el conocimiento.
Yama, tras haber descrito primero lo que es el Atman, nos dice ahora cómo alcanzarlo. El hombre debe esforzarse por someter su naturaleza inferior y lograr el dominio del cuerpo y de los sentidos. Debe vencer los deseos egoístas e impuros que ahora perturban la serenidad de su mente, para que esta se vuelva calma y apacible. En otras palabras, debe vivir la vida y desarrollar todas las cualidades espirituales para poder percibir el Atman.
XXV
¿Quién, pues, puede saber dónde está este poderoso Ser? Él (ese Ser), para quien los brahmanas y los kshatriyas no son sino alimento y la muerte misma un condimento.
Este texto proclama la gloria y la majestad del Supremo. Los brahmanas representan la fuerza espiritual, los kshatriyas la fuerza física, y sin embargo ambos son avasallados por Su poder. La vida y la muerte son por igual alimento para Él. Así como la luz del gran sol devora todas las luces menores del universo, del mismo modo todos los mundos se pierden en el resplandor del Ser Eterno Omnipresente.
Tercera Parte
I
Hay dos que gozan en el mundo de los frutos de sus buenas obras, habiendo entrado en la caverna del corazón, asentados (allí) en la cumbre más alta. Los conocedores de Brahman los llaman sombra y luz. Así también los llaman los padres de familia que realizan cinco sacrificios de fuego o tres sacrificios de fuego de Nachiketa.
Aquí los dos significan el Ser Superior y el ser inferior, que moran en la más recóndita caverna del corazón. Los Videntes de la Verdad, lo mismo que los padres de familia que siguen el camino de los rituales y de las formas externas con la esperanza de gozar de los frutos de sus buenas obras, proclaman ambos que el Ser Superior es como una luz y el ser inferior como una sombra. Cuando la Verdad brilla con claridad en el corazón del conocedor, entonces este supera la aparente dualidad de su naturaleza y se convence de que solo existe el Uno, y de que todas las manifestaciones externas no son sino reflejos o proyecciones de ese Uno.