Sin un comentario es prácticamente imposible comprender el espíritu o el sentido de las Upanishads. Nunca fueron concebidas como Escrituras populares. Surgieron esencialmente como libros de texto del conocimiento de Dios y del conocimiento del Ser, y como todos los libros de texto necesitan interpretación. Al transmitirse oralmente de maestro a discípulo, el estilo era por necesidad sumamente condensado y en forma de aforismos. El lenguaje, además, era a menudo metafórico y oscuro. Sin embargo, quien tiene la perseverancia de penetrar bajo estas meras dificultades de superficie se ve recompensado cien veces; pues estos antiguos Libros Sagrados contienen las gemas más preciosas del pensamiento espiritual.
Toda Upanishad comienza con un Canto de Paz (Shanti-patha) para crear la atmósfera adecuada de pureza y serenidad. Para estudiar acerca de Dios debe prepararse la naturaleza entera, de modo que, unidos y con corazones amorosos, maestro y discípulos rogaban al Ser Supremo su gracia y su protección. No es posible comprender los problemas sutiles de la vida si el pensamiento no está en calma y la energía concentrada. Mientras nuestra mente no se retire de las variadas distracciones y agitaciones de los asuntos mundanos, no podemos entrar en el espíritu de un estudio religioso superior. Ningún estudio aprovecha mientras nuestro ser interior no esté afinado. Debemos mantener una actitud pacífica hacia todos los seres vivientes; y si nos falta, hemos de esforzarnos con fervor por cultivarla mediante la sugestión de entonar o repetir algún texto sagrado. La misma lección enseña Jesús el Cristo cuando dice: «Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y vete; primero reconcíliate con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda».
Con este elevado ideal de paz en nuestra mente, procuremos liberar nuestro corazón de prejuicios, dudas e intolerancia, para que de estos escritos sagrados podamos extraer en abundancia inspiración, amor y sabiduría.
Paramananda
Isa-Upanishad
Esta Upanishad toma su título de las palabras iniciales Isa-vasya, «cubierto por Dios». El uso de Isa (Señor), un nombre más personal del Ser Supremo que Brahman, Atman o el Ser, los nombres que suelen hallarse en las Upanishads, constituye una de sus peculiaridades. Forma el capítulo final del Yajur-Veda, conocido como Shukla (Blanco).
La unidad del Alma y Dios, y el valor tanto de la fe como de las obras como medios para la realización última, son los temas principales de esta Upanishad. La enseñanza general de las Upanishads es que las obras solas, aun las más elevadas, sólo pueden traer una felicidad pasajera y por fuerza atan al hombre, a menos que a través de ellas alcance el conocimiento de su verdadero Ser. Ayudarle a adquirir este conocimiento es el propósito de ésta y de todas las Upanishads.
Isa-Upanishad
Canto de Paz
¡OM! Eso (el Absoluto Invisible) es pleno; pleno es esto (lo visible, fenoménico); del Pleno Invisible surge lo pleno visible. Aunque lo pleno visible ha salido de ese Pleno Invisible, el Pleno permanece inalterado.
¡OM! ¡PAZ! ¡PAZ! ¡PAZ!
En las Upanishads se usa el término indefinido «Eso» para designar al Absoluto Invisible, porque ninguna palabra ni nombre puede definirlo plenamente. Un objeto finito, como una mesa o un árbol, puede definirse; pero Dios, que es infinito e ilimitado, no puede expresarse con un lenguaje finito. Por eso los Rishis o Videntes Divinos, deseosos de no limitar lo Ilimitado, eligieron el término indefinido «Eso» para designar al Absoluto.
A la luz de la verdadera sabiduría, lo fenoménico y el Absoluto son inseparables. Toda existencia está en el Absoluto; y todo lo que existe debe existir en Él; por tanto, toda manifestación es meramente una modificación del Uno, el Todo Supremo, y ni Lo aumenta ni Lo disminuye. El Todo permanece, pues, inalterado.
I
Todo esto, cuanto existe en el universo, debe ser cubierto por el Señor. Habiendo renunciado (a lo irreal), goza (de lo Real). No codicies la riqueza de nadie.
Cubrimos todas las cosas con el Señor percibiendo en todas partes la Presencia Divina. Cuando la conciencia está firmemente fijada en Dios, la concepción de la diversidad se desvanece de modo natural, porque la Existencia Cósmica Una resplandece a través de todas las cosas. A medida que ganamos la luz de la sabiduría, dejamos de aferrarnos a las irrealidades de este mundo y hallamos todo nuestro gozo en el reino de la Realidad.
El gran comentarista Sankaracharya interpreta también la palabra «goza» como «protege», porque el conocimiento de nuestro verdadero Ser es el mayor protector y sustentador. Si no tenemos este conocimiento, no podemos ser felices, porque nada en este plano externo de los fenómenos es permanente ni digno de confianza. Quien es rico en el conocimiento del Ser no codicia el poder ni las posesiones externas.
II
Si alguien deseara vivir en este mundo cien años, debería vivir practicando el Karma (obras rectas). Así podrás vivir; no hay otro camino. Obrando así, el Karma (los frutos de tus acciones) no te manchará.
Si un hombre se aferra aún a una larga vida y a las posesiones terrenas, y por ello no puede seguir el camino del conocimiento del Ser (Gnana-Nishta) prescrito en el primer Mantram (texto), entonces puede seguir el camino de la acción recta (Karma-Nishta). Karma significa aquí las acciones realizadas sin motivo egoísta, sólo por amor al Señor. Cuando un hombre obra aferrándose ciegamente a sus deseos inferiores, sus acciones lo atan al plano de la ignorancia o al plano del nacimiento y la muerte; pero cuando esas mismas acciones se realizan con entrega a Dios, lo purifican y lo liberan.
III
Después de dejar sus cuerpos, quienes han matado al Ser van a los mundos de los Asuras, cubiertos de ignorancia cegadora.
La idea de ascender a regiones luminosas como recompensa de los que obran bien, y de caer en reinos de tinieblas como castigo de los malhechores, es común a todas las grandes religiones. Pero el Vedanta sostiene que esta condición de cielo e infierno es sólo temporal, porque nuestras acciones, siendo finitas, sólo pueden producir un resultado finito.
¿Qué significa «matar al Ser»? ¿Cómo podría destruirse jamás el Alma inmortal? No puede ser destruida, sólo puede ser oscurecida. Quienes se mantienen bajo el dominio de la ignorancia, quienes sirven a la carne y descuidan el Atman o verdadero Ser, no son capaces de percibir la naturaleza resplandeciente e indestructible de su Alma; por eso caen en el reino donde no brilla la luz del Alma. Aquí la Upanishad muestra que el único infierno es la ausencia de conocimiento. Mientras el hombre esté dominado por las tinieblas de la ignorancia, es esclavo de la Naturaleza y debe aceptar cuanto venga como fruto de sus pensamientos y obras. Cuando se extravía por el camino de la irrealidad, los Sabios declaran que se destruye a sí mismo, porque quien se aferra al cuerpo perecedero y lo considera su verdadero Ser debe padecer la muerte muchas veces.
IV
Ese Uno, aunque inmóvil, es más veloz que la mente. Los sentidos jamás pueden alcanzarlo, pues siempre va por delante. Aunque inmóvil, viaja más rápido que quienes corren. Por Él el aire que todo lo penetra sustenta a todos los seres vivientes.
Este verso explica el carácter del Atman o Ser. Un objeto finito puede tomarse de un lugar y ponerse en otro, pero sólo puede ocupar un espacio a la vez. El Atman, en cambio, está presente en todas partes; por eso, aunque uno corra con la mayor rapidez para alcanzarlo, Él ya está allí antes que él.
Aun el aire que todo lo penetra debe ser sostenido por este Ser, puesto que Él es infinito; y como nada puede vivir sin respirar aire, todos los seres vivientes deben extraer su vida del Ser Cósmico.
V
Se mueve y no se mueve. Está lejos y también está cerca. Está dentro y también fuera de todo esto.
Está cerca de quienes tienen el poder de comprenderlo, pues mora en el corazón de cada uno; pero parece lejano a aquellos cuya mente está cubierta por las nubes de la sensualidad y el autoengaño. Está dentro, porque es el Alma más íntima de todas las criaturas; y está fuera, como la esencia de todo el universo externo, llenándolo como el éter que todo lo penetra.
VI
Quien ve a todos los seres en el Ser y al Ser en todos los seres, jamás se aparta de Él (el Ser).
VII
Para quien percibe a todos los seres como el Ser, ¿cómo puede haber engaño o dolor, cuando ve esta unidad (en todas partes)?
Quien percibe el Ser en todas partes no rehúye nada, porque por medio de su conciencia superior se siente unido a toda la vida. Cuando un hombre ve a Dios en todos los seres y a todos los seres en Dios, y también a Dios morando en su propia Alma, ¿cómo puede odiar a cosa viviente alguna? El dolor y el engaño descansan en la creencia en la diversidad, que conduce a la competencia y a toda forma de egoísmo. Con la realización de la unidad, el sentido de la diversidad se desvanece y se elimina la causa de la miseria.
VIII
Él (el Ser) es omnienvolvente, resplandeciente, sin cuerpo, inmaculado, sin tendones, puro, intacto por el pecado, que todo lo ve, que todo lo sabe, trascendente, existente por sí mismo; Él ha dispuesto debidamente todas las cosas por años eternos.