← Biblioteca

El ejército en marcha

El arte de la guerra · Sun Tzu · traducido por Claude Opus

[El contenido de este interesante capítulo queda mejor indicado en el § 1 que en este encabezamiento.]

1. Sun Tzu dijo: Llegamos ahora a la cuestión de acampar el ejército y de observar los indicios del enemigo. Pasa rápidamente sobre las montañas y mantente en las cercanías de los valles.

[La idea es no demorarse entre tierras altas y estériles, sino mantenerse cerca de los suministros de agua y de pasto. Cf. Wu Tzŭ, cap. 3: «No permanezcas en hornos naturales», es decir, «las bocas de los valles». Chang Yu cuenta la siguiente anécdota: Wu-tu Ch’iang era un capitán de bandidos en tiempos de los Han Posteriores, y Ma Yuan fue enviado a exterminar a su banda. Como Ch’iang había hallado refugio en las colinas, Ma Yuan no intentó forzar una batalla, sino que se apoderó de todas las posiciones favorables que dominaban los suministros de agua y de forraje. Ch’iang se vio pronto en tan desesperado aprieto por falta de provisiones que se vio obligado a rendirse por completo. No conocía la ventaja de mantenerse en las cercanías de los valles».]

2. Acampa en lugares elevados,

[No en colinas altas, sino en cerros u otozanos que se alcen sobre el terreno circundante.]

de cara al sol.

[Tu Mu entiende que esto significa «de cara al sur», y Ch’en Hao, «de cara al este». Cf. infra, §§ 11, 13.

No escales alturas para combatir. Esto en cuanto a la guerra de montaña.

3. Después de cruzar un río, debes alejarte mucho de él.

[«Para tentar al enemigo a cruzar tras de ti», según Ts’ao Kung, y también, dice Chang Yu, «para no verte estorbado en tus evoluciones». El T’ung Tien lee: «Si el enemigo cruza un río», etc. Pero, a la vista de la frase siguiente, esto es casi con certeza una interpolación.]

4. Cuando una fuerza invasora cruce un río en su avance, no salgas a su encuentro en mitad de la corriente. Lo mejor será dejar que la mitad del ejército pase al otro lado y entonces lanzar tu ataque.

[Li Ch’uan alude a la gran victoria obtenida por Han Hsin sobre Lung Chu en el río Wei. Si acudimos al Ch’ien Han Shu, cap. 34, fol. 6 verso, hallamos la batalla descrita del modo siguiente: «Los dos ejércitos estaban formados en orillas opuestas del río. Durante la noche, Han Hsin ordenó a sus hombres tomar unos diez mil sacos llenos de arena y construir un dique más arriba. Luego, haciendo pasar a la mitad de su ejército, atacó a Lung Chu; pero al cabo de un rato, fingiendo haber fracasado en su intento, se retiró apresuradamente a la otra orilla. Lung Chu, muy envanecido por este éxito inesperado, exclamó: “¡Estaba seguro de que Han Hsin era en realidad un cobarde!”, y lo persiguió y comenzó a cruzar el río a su vez. Han Hsin envió entonces a un destacamento a abrir los sacos de arena, liberando así un gran caudal de agua, que se precipitó corriente abajo e impidió cruzar a la mayor parte del ejército de Lung Chu. Se volvió entonces contra la fuerza que había quedado aislada y la aniquiló, y el propio Lung Chu se contó entre los muertos. El resto del ejército, en la orilla opuesta, también se dispersó y huyó en todas direcciones».]

5. Si estás ansioso por combatir, no debes salir al encuentro del invasor cerca de un río que este tenga que cruzar.

[Por temor a impedirle el paso.]

6. Amarra tus embarcaciones más arriba que el enemigo y de cara al sol.

[Véase supra, § 2. La repetición de estas palabras en relación con el agua resulta muy torpe. Chang Yu tiene esta nota: «Se dice tanto de las tropas formadas en la orilla del río como de las barcas ancladas en la propia corriente; en ambos casos es esencial estar más arriba que el enemigo y de cara al sol». Los demás comentaristas no son en absoluto explícitos.]

No remontes la corriente para salir al encuentro del enemigo.

[Tu Mu dice: «Como el agua fluye hacia abajo, no debemos plantar nuestro campamento en el curso bajo de un río, por temor a que el enemigo abra las compuertas y nos arrastre en una inundación. Chu-ko Wu-hou ha observado que “en la guerra fluvial no debemos avanzar contra la corriente”, lo cual equivale a decir que nuestra flota no debe anclar por debajo de la del enemigo, pues entonces este podría aprovechar la corriente y dar buena cuenta de nosotros en un momento». Existe también el peligro, señalado por otros comentaristas, de que el enemigo arroje veneno al agua para que la corriente lo traiga hasta nosotros.]

Esto en cuanto a la guerra fluvial.

7. Al cruzar marismas salobres, tu única preocupación debe ser atravesarlas con rapidez, sin demora alguna.

[Por la falta de agua dulce, la mala calidad del pasto y, por último pero no menos importante, porque son bajas, llanas y expuestas al ataque.]

8. Si te ves obligado a combatir en una marisma salobre, debes tener agua y pasto cerca y guardar la espalda contra un grupo de árboles.

[Li Ch’uan observa que es menos probable que el terreno sea traicionero donde hay árboles, mientras que Tu Mu dice que estos servirán para proteger la retaguardia.]

Esto en cuanto a las operaciones en marismas salobres.

9. En terreno seco y llano, ocupa una posición de fácil acceso, con terreno ascendente a tu derecha y a tu retaguardia,

[Tu Mu cita a T’ai Kung, que dice: «Un ejército debe tener un arroyo o una marisma a su izquierda, y una colina o un túmulo a su derecha».]

de modo que el peligro esté al frente y la seguridad quede detrás. Esto en cuanto a la campaña en terreno llano.

10. Estas son las cuatro ramas útiles del saber militar

[A saber, las que se ocupan de (1) las montañas, (2) los ríos, (3) las marismas y (4) las llanuras. Compárense las «Máximas militares» de Napoleón, n.º 1.]

que permitieron al Emperador Amarillo vencer a cuatro soberanos distintos.

[Respecto al «Emperador Amarillo», Mei Yao-ch’en se pregunta, con cierta verosimilitud, si hay un error en el texto, pues nada se sabe de que Huang Ti conquistara a otros cuatro emperadores. El Shih Chi (cap. 1 ad init.) habla solo de sus victorias sobre Yen Ti y Ch’ih Yu. En el Liu T’ao se menciona que «libró setenta batallas y pacificó el Imperio». La explicación de Ts’ao Kung es que el Emperador Amarillo fue el primero en instituir el sistema feudal de príncipes vasallos, cada uno de los cuales (en número de cuatro) llevaba originalmente el título de emperador. Li Ch’uan nos dice que el arte de la guerra se originó bajo Huang Ti, que lo recibió de su ministro Feng Hou.]

11. Todos los ejércitos prefieren el terreno alto al bajo,

[«El terreno alto», dice Mei Yao-ch’en, «no solo es más agradable y salubre, sino más conveniente desde el punto de vista militar; el terreno bajo no solo es húmedo e insalubre, sino también desventajoso para combatir».]

y los lugares soleados a los sombríos.

12. Si cuidas de tus hombres,

[Ts’ao Kung dice: «Dirígete hacia el agua dulce y los pastos, donde puedas soltar a tus animales a pacer».]

y acampas en terreno firme, el ejército estará libre de toda clase de enfermedades,

[Chang Yu dice: «La sequedad del clima impedirá el brote de enfermedades».]

y esto significará la victoria.

13. Cuando llegues a una colina o a un talud, ocupa la ladera soleada, con la pendiente a tu derecha y a tu retaguardia. Así actuarás a la vez en beneficio de tus soldados y aprovecharás las ventajas naturales del terreno.

14. Cuando, a causa de fuertes lluvias río arriba, un río que deseas vadear esté crecido y salpicado de espuma, debes esperar hasta que baje.

15. Los parajes en que hay acantilados escarpados con torrentes que corren entre ellos, hondonadas naturales profundas,

Estas últimas definidas como «lugares cerrados por todos lados por taludes empinados, con charcas de agua en el fondo».]

lugares encajonados,

[Definidos como «corrales o prisiones naturales» o «lugares rodeados de precipicios por tres lados: fáciles de entrar, pero difíciles de salir».]

matorrales enmarañados,

[Definidos como «lugares cubiertos de una maleza tan densa que no pueden usarse las lanzas».]

cenagales

[Definidos como «lugares bajos, tan cargados de barro que son impracticables para los carros y la caballería».]

y grietas,

[Definidas por Mei Yao-ch’en como «un camino estrecho y difícil entre acantilados salientes». La nota de Tu Mu dice: «terreno cubierto de árboles y rocas, y surcado por numerosos barrancos y hoyos». Esto es muy vago, pero Chia Lin lo explica con bastante claridad como un desfiladero o paso estrecho, y Chang Yu sostiene una opinión muy parecida. En conjunto, el peso de los comentaristas se inclina sin duda por la traducción «desfiladero». Pero el significado ordinario del chino en un lugar es «una grieta o fisura», y el hecho de que el significado del chino en otro lugar de la frase indica algo de la naturaleza de un desfiladero me hacen pensar que Sun Tzu habla aquí de grietas.]

deben abandonarse con toda la rapidez posible y no acercarse a ellos.

16. Mientras nosotros nos mantenemos alejados de tales lugares, debemos lograr que el enemigo se acerque a ellos; mientras nosotros los tenemos de frente, debemos dejar que el enemigo los tenga a su retaguardia.

17. Si en las cercanías de tu campamento hubiera terreno accidentado, charcas rodeadas de hierbas acuáticas, hondonadas llenas de juncos o bosques de espesa maleza, deben batirse y registrarse con cuidado; pues son lugares donde es probable que acechen hombres emboscados o espías insidiosos.

[Chang Yu tiene esta nota: «Debemos estar también en guardia contra los traidores que puedan ocultarse en estrecho escondite, espiando en secreto nuestras debilidades y escuchando nuestras instrucciones».]

18. Cuando el enemigo está muy cerca y permanece tranquilo, confía en la fuerza natural de su posición.

[Aquí comienzan las observaciones de Sun Tzu sobre la lectura de los indicios, muchas de las cuales son tan buenas que casi podrían incluirse en un manual moderno como las «Aids to Scouting» del general Baden-Powell.]

19. Cuando se mantiene a distancia e intenta provocar una batalla, está ansioso de que el otro bando avance.

[Probablemente porque estamos en una posición fuerte de la que desea desalojarnos. «Si se acercara mucho a nosotros», dice Tu Mu, «e intentara forzar una batalla, parecería despreciarnos, y habría menos probabilidades de que respondiéramos al desafío».]

20. Si su lugar de acampada es de fácil acceso, está tendiendo un cebo.

21. El movimiento entre los árboles de un bosque indica que el enemigo avanza.

[Ts’ao Kung lo explica como «talar árboles para despejar un paso», y Chang Yu dice: «Cada cual envía exploradores a subir a lugares altos y observar al enemigo. Si un explorador ve que los árboles de un bosque se mueven y se agitan, puede saber que los están talando para despejar el paso a la marcha del enemigo».]

La aparición de cierto número de pantallas en medio de la hierba espesa significa que el enemigo quiere hacernos sospechar.

[La explicación de Tu Yu, tomada de la de Ts’ao Kung, es la siguiente: «La presencia de cierto número de pantallas o cobertizos en medio de una vegetación espesa es señal segura de que el enemigo ha huido y, temiendo ser perseguido, ha construido estos escondrijos para hacernos sospechar una emboscada». Parece que estas «pantallas» se anudaban apresuradamente con cualquier hierba alta que el enemigo en retirada encontrara a su paso.]

22. El alzarse de las aves en su vuelo es señal de una emboscada.

[La explicación de Chang Yu es sin duda correcta: «Cuando las aves que vuelan en línea recta se elevan de pronto, significa que hay soldados emboscados en el lugar de abajo».]

Las bestias sobresaltadas indican que se avecina un ataque repentino.

23. Cuando el polvo se eleva en una columna alta, es señal de que avanzan carros; cuando el polvo está bajo, pero extendido sobre un área amplia, anuncia la aproximación de la infantería.

[«Alto y agudo», o elevándose en punta, resulta desde luego algo exagerado aplicado al polvo. Los comentaristas explican el fenómeno diciendo que los caballos y los carros, al ser más pesados que los hombres, levantan más polvo, y además se siguen unos a otros por la misma rodada, mientras que los soldados de a pie marcharían en filas, muchos de frente. Según Chang Yu, «todo ejército en marcha debe tener exploradores a cierta distancia por delante, que, al divisar el polvo levantado por el enemigo, regresarán al galope y darán parte al comandante en jefe». Cf. el general Baden-Powell: «Mientras avanzas, digamos, por un país hostil, tus ojos deben buscar a lo lejos al enemigo o cualquier señal de él: figuras, polvo que se levanta, aves que alzan el vuelo, destellos de armas, etc.». [1] ]

Cuando se ramifica en diferentes direcciones, indica que se han enviado partidas a recoger leña. Unas pocas nubes de polvo que se mueven de acá para allá significan que el ejército está acampando.

[Chang Yu dice: «Al repartir las defensas de un acantonamiento, se enviará caballería ligera a reconocer la posición y averiguar los puntos débiles y fuertes a lo largo de todo su perímetro. De ahí la pequeña cantidad de polvo y su movimiento».]

24. Las palabras humildes y el aumento de los preparativos son señales de que el enemigo está a punto de avanzar.

[«Como si nos tuvieran gran temor», dice Tu Mu. «Su objeto es volvernos desdeñosos y descuidados, tras lo cual nos atacarán». Chang Yu alude a la historia de T’ien Tan de Ch’i-mo frente a las fuerzas de Yen, mandadas por Ch’i Chieh. En el cap. 82 del Shih Chi leemos: «T’ien Tan dijo abiertamente: “Mi único temor es que el ejército de Yen corte la nariz a sus prisioneros de Ch’i y los coloque en primera fila para combatir contra nosotros; eso sería la perdición de nuestra ciudad”. Informado el otro bando de estas palabras, siguió al punto la sugerencia; pero los que estaban dentro de la ciudad se enfurecieron al ver a sus compatriotas así mutilados y, temiendo solo caer en manos del enemigo, se animaron a defenderse con más obstinación que nunca. Una vez más, T’ien Tan envió espías convertidos que comunicaron al enemigo estas palabras: “Lo que más temo es que los hombres de Yen desentierren las tumbas de los antepasados fuera de la ciudad y, infligiendo esta afrenta a nuestros mayores, nos hagan perder el ánimo”. Inmediatamente los sitiadores desenterraron todas las sepulturas y quemaron los cadáveres que yacían en ellas. Y los habitantes de Chi-mo, que presenciaban el ultraje desde las murallas, lloraron apasionadamente y estaban todos impacientes por salir a combatir, pues su furia se había multiplicado por diez. T’ien Tan supo entonces que sus soldados estaban dispuestos para cualquier empresa. Pero, en lugar de una espada, tomó él mismo un azadón en las manos y ordenó que se repartieran otros entre sus mejores guerreros, mientras las filas se completaban con sus esposas y concubinas. Luego repartió todas las raciones que quedaban y mandó a sus hombres comer hasta saciarse. A los soldados regulares se les ordenó mantenerse ocultos, y las murallas se guarnecieron con los ancianos, los hombres más débiles y las mujeres. Hecho esto, se despacharon enviados al campamento enemigo para concertar las condiciones de la rendición, ante lo cual el ejército de Yen prorrumpió en gritos de alegría. T’ien Tan reunió además 20.000 onzas de plata del pueblo e hizo que los ciudadanos ricos de Chi-mo las enviaran al general de Yen con el ruego de que, cuando la ciudad capitulara, no permitiera que se saquearan sus casas ni que se maltratara a sus mujeres. Ch’i Chieh, de muy buen humor, accedió a su ruego; pero su ejército se volvió cada vez más flojo y descuidado. Entretanto, T’ien Tan reunió mil bueyes, los adornó con trozos de seda roja, les pintó el cuerpo, a la manera de dragones, con franjas de colores, y les sujetó hojas afiladas en los cuernos y juncos bien engrasados en la cola. Al caer la noche, prendió fuego a los extremos de los juncos y lanzó a los bueyes a través de varios agujeros que había abierto en las murallas, respaldándolos con una fuerza de 5000 guerreros escogidos. Los animales, enloquecidos por el dolor, se precipitaron furiosamente en el campamento enemigo, donde causaron la mayor confusión y consternación; pues sus colas hacían de antorchas, mostrando el horrible dibujo de sus cuerpos, y las armas de sus cuernos mataban o herían a cuantos tocaban. Mientras tanto, la banda de 5000 se había acercado sigilosamente con mordazas en la boca, y se arrojó entonces sobre el enemigo. En el mismo instante se levantó un estruendo espantoso en la propia ciudad, pues todos los que se habían quedado atrás hacían todo el ruido posible golpeando tambores y martilleando vasijas de bronce, hasta que el cielo y la tierra se estremecieron con el alboroto. Aterrorizado, el ejército de Yen huyó en desorden, perseguido de cerca por los hombres de Ch’i, que lograron dar muerte a su general Ch’i Chien…. El resultado de la batalla fue la recuperación final de unas setenta ciudades que habían pertenecido al Estado de Ch’i».]

El lenguaje violento y el avanzar como para atacar son señales de que se retirará.

25. Cuando los carros ligeros salen primero y toman posición en las alas, es señal de que el enemigo se está formando para la batalla.

26. Las propuestas de paz no acompañadas de un pacto jurado indican una conjura.

[La lectura aquí es incierta. Li Ch’uan indica «un tratado confirmado con juramentos y rehenes». Wang Hsi y Chang Yu, en cambio, dicen simplemente «sin razón», «con un pretexto frívolo».]

27. Cuando hay mucho correr de un lado a otro

[Cada hombre apresurándose a ocupar su puesto bajo la bandera de su propio regimiento.]

y los soldados se ponen en formación, significa que ha llegado el momento crítico.

28. Cuando se ve a unos avanzar y a otros retroceder, es un señuelo.

29. Cuando los soldados permanecen apoyados en sus lanzas, están desfallecidos por falta de alimento.

30. Si los que son enviados a sacar agua empiezan por beber ellos mismos, el ejército padece sed.

[Como observa Tu Mu: «Se puede conocer el estado de todo un ejército por el comportamiento de un solo hombre».]

31. Si el enemigo ve una ventaja que obtener y no hace ningún esfuerzo por asegurarla, los soldados están agotados.

32. Si las aves se congregan en algún lugar, este está desocupado.

[Un hecho útil que conviene tener presente cuando, por ejemplo, como dice Ch’en Hao, el enemigo ha abandonado en secreto su campamento.]

El clamor nocturno denota nerviosismo.

33. Si hay alboroto en el campamento, la autoridad del general es débil. Si los estandartes y las banderas se cambian de sitio, se trama una sedición. Si los oficiales están irritados, significa que los hombres están cansados.

[Tu Mu entiende la frase de otro modo: «Si todos los oficiales de un ejército están irritados con su general, significa que están rendidos de fatiga» a causa de los esfuerzos que él les ha exigido.]

34. Cuando un ejército alimenta a sus caballos con grano y mata su ganado para comer,

[En el curso ordinario de las cosas, los hombres se alimentarían de grano y los caballos principalmente de hierba.]

y cuando los hombres no cuelgan sus marmitas sobre las hogueras del campamento, mostrando que no volverán a sus tiendas, puedes saber que están decididos a luchar hasta la muerte.

[Puedo citar aquí el pasaje ilustrativo del Hou Han Shu, cap. 71, que el P’ei Wen Yun Fu ofrece en forma abreviada: «El rebelde Wang Kuo de Liang sitiaba la ciudad de Ch’en-ts’ang, y Huang-fu Sung, que tenía el mando supremo, y Tung Cho fueron enviados contra él. Este último instaba a tomar medidas precipitadas, pero Sung hizo oídos sordos a su consejo. Al fin los rebeldes quedaron completamente agotados y empezaron a arrojar las armas por propia voluntad. Sung no avanzaba al ataque, pero Cho dijo: “Es un principio de la guerra no perseguir a hombres desesperados ni acosar a una hueste en retirada”. Sung respondió: “Eso no se aplica aquí. Lo que voy a atacar es un ejército extenuado, no una hueste en retirada; con tropas disciplinadas caigo sobre una multitud desorganizada, no sobre una banda de hombres desesperados”. Acto seguido avanzó al ataque sin el apoyo de su colega y derrotó al enemigo, y Wang Kuo resultó muerto».]

35. Ver a hombres cuchicheando en pequeños corrillos o hablando en voz baja indica descontento entre la tropa.

36. Las recompensas demasiado frecuentes significan que el enemigo está al límite de sus recursos;

[Porque, cuando un ejército se ve en apuros, como dice Tu Mu, siempre se teme un motín, y se dan recompensas pródigas para mantener a los hombres de buen humor.]

los castigos demasiado numerosos delatan una situación de grave aflicción.

[Porque en tal caso la disciplina se relaja, y es necesaria una severidad desacostumbrada para mantener a los hombres en su deber.]

37. Empezar con bravatas para asustarse después del número de los enemigos muestra una suprema falta de inteligencia.

[Sigo la interpretación de Ts’ao Kung, adoptada también por Li Ch’uan, Tu Mu y Chang Yu. Otro significado posible, propuesto por Tu Yu, Chia Lin, Mei Tao-ch’en y Wang Hsi, es: «El general que primero es tiránico con sus hombres y luego teme que se amotinen, etc.». Esto enlazaría la frase con lo que precede sobre las recompensas y los castigos.]

38. Cuando se envían emisarios con cumplidos en la boca, es señal de que el enemigo desea una tregua.

[Tu Mu dice: «Si el enemigo entabla relaciones amistosas enviando rehenes, es señal de que está ansioso por un armisticio, ya sea porque sus fuerzas están agotadas o por alguna otra razón». Pero apenas hace falta un Sun Tzu para sacar una inferencia tan obvia.]

39. Si las tropas enemigas avanzan airadas y permanecen frente a las nuestras largo tiempo sin trabar batalla ni retirarse de nuevo, la situación es de las que exigen gran vigilancia y circunspección.

[Ts’ao Kung dice que una maniobra de esta clase puede no ser más que un ardid para ganar tiempo con vistas a un inesperado ataque de flanco o a tender una emboscada.]

40. Si nuestras tropas no son más numerosas que las del enemigo, eso es ampliamente suficiente; solo significa que no puede lanzarse un ataque directo.

[Literalmente, «ningún avance marcial». Es decir, deben evitarse la táctica cheng y los ataques frontales, y recurrir en su lugar a la estratagema.]

Lo que podemos hacer es simplemente concentrar todas nuestras fuerzas disponibles, vigilar de cerca al enemigo y obtener refuerzos.

[Es una frase oscura, y ninguno de los comentaristas logra extraer de ella un sentido muy satisfactorio. Sigo a Li Ch’uan, que parece ofrecer la explicación más sencilla: «Solo vencerá el bando que consiga más hombres». Por fortuna tenemos a Chang Yu para exponernos su significado en un lenguaje que es la lucidez misma: «Cuando los números son iguales y no se presenta ninguna ocasión favorable, aunque no seamos lo bastante fuertes para lanzar un ataque sostenido, podemos hallar reclutas adicionales entre nuestros vivanderos y la gente que sigue al campamento y luego, concentrando nuestras fuerzas y vigilando de cerca al enemigo, ingeniárnoslas para arrebatar la victoria. Pero debemos evitar tomar prestados soldados extranjeros para que nos ayuden». Cita luego a Wei Liao Tzŭ, cap. 3: «La fuerza nominal de las tropas mercenarias puede ser de 100.000 hombres, pero su valor real no superará la mitad de esa cifra».]

41. Quien no ejerce previsión alguna y menosprecia a sus adversarios será sin duda capturado por ellos.

[Ch’en Hao, citando el Tso Chuan, dice: «Si las abejas y los escorpiones llevan veneno, ¡cuánto más un Estado hostil! Ni siquiera a un adversario insignificante, pues, debe tratársele con desprecio».]

42. Si se castiga a los soldados antes de que se hayan encariñado contigo, no se mostrarán sumisos; y, si no son sumisos, serán prácticamente inútiles. Si, cuando los soldados se han encariñado contigo, no se aplican los castigos, seguirán siendo inútiles.

43. Por tanto, a los soldados hay que tratarlos en primer lugar con humanidad, pero mantenerlos bajo control mediante una disciplina de hierro.

[Yen Tzŭ [493 a. C.] dijo de Ssu-ma Jang-chu: «Sus virtudes civiles le ganaron el afecto del pueblo; su destreza marcial mantenía a sus enemigos atemorizados». Cf. Wu Tzŭ, cap. 4 init.: «El comandante ideal une la cultura con un temple guerrero; la profesión de las armas requiere una combinación de dureza y ternura».]

Este es un camino seguro hacia la victoria.

44. Si al adiestrar a los soldados se hacen cumplir habitualmente las órdenes, el ejército estará bien disciplinado; si no, su disciplina será mala.

45. Si un general muestra confianza en sus hombres, pero insiste siempre en que se obedezcan sus órdenes,

[Tu Mu dice: «Un general debe, en tiempo de paz, mostrar una confianza bondadosa en sus hombres y también hacer respetar su autoridad, de modo que, cuando lleguen a enfrentarse al enemigo, las órdenes se ejecuten y la disciplina se mantenga, porque todos confían en él y lo admiran». Lo que Sun Tzu ha dicho en el § 44, sin embargo, llevaría más bien a esperar algo así: «Si un general confía siempre en que sus órdenes se cumplirán», etc.]

la ganancia será mutua.

[Chang Yu dice: «El general tiene confianza en los hombres a su mando, y los hombres son dóciles porque tienen confianza en él. Así, la ganancia es mutua». Cita una frase preñada de sentido de Wei Liao Tzŭ, cap. 4: «El arte de dar órdenes consiste en no intentar corregir los errores menores y no dejarse llevar por dudas mezquinas». La vacilación y la quisquillosidad son los medios más seguros de minar la confianza de un ejército.]

[1] «Aids to Scouting», p. 26.