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La maniobra

El arte de la guerra · Sun Tzu · traducido por Claude Opus

1. Sun Tzu dijo: En la guerra, el general recibe sus órdenes del soberano.

2. Habiendo reunido un ejército y concentrado sus fuerzas, debe fundir y armonizar sus diferentes elementos antes de asentar su campamento.

[Chang Yu dice: «el establecimiento de la armonía y la confianza entre los rangos superiores e inferiores antes de aventurarse en campaña»; y cita un dicho de Wu Tzŭ (cap. 1 ad init.): «Sin armonía en el Estado, no puede emprenderse ninguna expedición militar; sin armonía en el ejército, no puede formarse ningún orden de batalla». En una novela histórica se presenta a Sun Tzu diciendo a Wu Yuan: «Por regla general, quienes hacen la guerra deben librarse de todos los problemas internos antes de proceder a atacar al enemigo exterior».]

3. Después de eso viene la maniobra táctica, que es lo más difícil que existe.

[Me he apartado ligeramente de la interpretación tradicional de Ts’ao Kung, quien dice: «Desde el momento en que se reciben las instrucciones del soberano hasta que acampamos frente al enemigo, las tácticas que han de seguirse son de lo más difícil». Me parece que difícilmente puede decirse que las tácticas o maniobras comiencen hasta que el ejército ha salido y acampado, y la nota de Ch’ien Hao da visos de verdad a esta opinión: «Para reclutar, concentrar, armonizar y atrincherar un ejército, hay abundantes reglas antiguas que servirán. La verdadera dificultad surge cuando emprendemos operaciones tácticas». Tu Yu observa también que «la gran dificultad está en adelantarse al enemigo en la toma de una posición favorable».]

La dificultad de la maniobra táctica consiste en convertir lo tortuoso en directo, y la desgracia en provecho.

[Esta frase contiene una de esas expresiones sumamente condensadas y algo enigmáticas de las que tanto gusta Sun Tzu. Así la explica Ts’ao Kung: «Haz que parezca que estás muy lejos; luego cubre la distancia rápidamente y llega al lugar antes que tu adversario». Tu Mu dice: «Engaña al enemigo, para que se muestre descuidado y moroso mientras tú avanzas a toda velocidad». Ho Shih le da un giro ligeramente distinto: «Aunque tengas que atravesar terreno difícil y encontrar obstáculos naturales, este es un inconveniente que puede convertirse en verdadera ventaja mediante la celeridad del movimiento». Ejemplos señalados de este dicho los ofrecen los dos famosos pasos de los Alpes: el de Aníbal, que puso a Italia a su merced, y el de Napoleón dos mil años después, que desembocó en la gran victoria de Marengo.]

4. Así, tomar una ruta larga y tortuosa tras haber apartado al enemigo del camino con un señuelo y, aun partiendo después que él, ingeniárselas para alcanzar la meta antes que él, demuestra conocimiento del artificio de la desviación.

[Tu Mu cita la famosa marcha de Chao She en el año 270 a. C. para socorrer la ciudad de O-yu, estrechamente sitiada por un ejército de Ch’in. El rey de Chao consultó primero a Lien P’o sobre la conveniencia de intentar el socorro, pero este consideró la distancia demasiado grande y el país intermedio demasiado escabroso y difícil. Su Majestad se dirigió entonces a Chao She, quien admitió plenamente lo arriesgado de la marcha, pero acabó diciendo: «Seremos como dos ratas peleando en un agujero, ¡y vencerá la más valiente!». Así pues, salió de la capital con su ejército, pero apenas había recorrido una distancia de 30 li cuando se detuvo y empezó a levantar atrincheramientos. Durante 28 días siguió reforzando sus fortificaciones, y cuidó de que los espías llevaran la noticia al enemigo. El general de Ch’in se llenó de júbilo y atribuyó la tardanza de su adversario al hecho de que la ciudad sitiada se hallaba en el Estado de Han y, por tanto, no formaba parte propiamente del territorio de Chao. Pero, en cuanto los espías hubieron partido, Chao She emprendió una marcha forzada de dos días y una noche, y llegó al escenario de la acción con tan asombrosa rapidez que pudo ocupar una posición dominante en la «colina del Norte» antes de que el enemigo tuviera noticia de sus movimientos. Siguió una derrota aplastante para las fuerzas de Ch’in, que se vieron obligadas a levantar a toda prisa el sitio de O-yu y a retirarse al otro lado de la frontera.]

5. Maniobrar con un ejército es ventajoso; con una multitud indisciplinada, de lo más peligroso.

[Adopto la lectura del T’ung Tien, de Cheng Yu-hsien y del T’u Shu, pues parecen aportar el matiz exacto que se requiere para que el pasaje tenga sentido. Los comentaristas que siguen el texto canónico entienden que esta línea significa que las maniobras pueden ser provechosas o pueden ser peligrosas: todo depende de la capacidad del general.]

6. Si pones en marcha un ejército plenamente equipado para arrebatar una ventaja, lo más probable es que llegues demasiado tarde. Por otra parte, destacar con ese fin una columna volante supone sacrificar su bagaje y sus pertrechos.

[Parte del texto chino resulta ininteligible para los comentaristas chinos, que parafrasean la frase. Presento mi propia versión sin mucho entusiasmo, convencido de que hay en el texto alguna corrupción profundamente arraigada. En conjunto, está claro que Sun Tzu no aprueba que se emprenda una marcha larga sin provisiones. Cf. infra, § 11.]

7. Así, si ordenas a tus hombres que enrollen sus coletos de ante y hagan marchas forzadas sin detenerse ni de día ni de noche, cubriendo de una tirada el doble de la distancia habitual,

[La jornada de marcha ordinaria, según Tu Mu, era de 30 li; pero en una ocasión, persiguiendo a Liu Pei, se dice que Ts’ao Ts’ao cubrió la increíble distancia de 300 li en veinticuatro horas.]

recorriendo cien li para arrancar una ventaja, los jefes de tus tres divisiones caerán en manos del enemigo.

8. Los hombres más fuertes irán delante, los extenuados se quedarán atrás, y con este plan solo una décima parte de tu ejército alcanzará su destino.

[La moraleja es, como señalan Ts’ao Kung y otros: no marches cien li para obtener una ventaja táctica, ni con impedimenta ni sin ella. Las maniobras de este tipo deben limitarse a distancias cortas. Stonewall Jackson decía: «Las penalidades de las marchas forzadas son a menudo más dolorosas que los peligros de la batalla». No solía exigir a sus tropas esfuerzos extraordinarios. Solo cuando se proponía una sorpresa, o cuando una retirada rápida era imperativa, lo sacrificaba todo a la velocidad. [1] ]

9. Si marchas cincuenta li para superar en maniobra al enemigo, perderás al jefe de tu primera división, y solo la mitad de tu fuerza alcanzará la meta.

[Literalmente, «el jefe de la primera división será arrancado».]

10. Si marchas treinta li con el mismo objeto, llegarán dos tercios de tu ejército.

[En el T’ung Tien se añade: «Por esto podemos conocer la dificultad de la maniobra».]

11. Podemos dar por sentado, entonces, que un ejército sin su tren de bagajes está perdido; sin provisiones está perdido; sin bases de abastecimiento está perdido.

[Creo que Sun Tzu se refería a «provisiones acumuladas en depósitos». Pero Tu Yu dice «forraje y cosas semejantes», Chang Yu dice «bienes en general» y Wang Hsi dice «combustible, sal, víveres, etc.».]

12. No podemos concertar alianzas mientras no conozcamos los designios de nuestros vecinos.

13. No estamos en condiciones de conducir un ejército en marcha si no conocemos la faz del país: sus montañas y bosques, sus trampas y precipicios, sus marjales y pantanos.

14. Seremos incapaces de sacar provecho de las ventajas naturales si no nos servimos de guías locales.

[Los §§ 12-14 se repiten en el cap. XI. § 52.]

15. En la guerra, practica el disimulo y triunfarás.

[En las tácticas de Turenne, el engaño del enemigo, sobre todo en cuanto a la fuerza numérica de sus propias tropas, ocupaba un lugar muy destacado. [2] ]

Muévete solo si hay una ventaja real que ganar.

16. Si concentrar o dividir tus tropas es algo que deben decidir las circunstancias.

17. Sea tu rapidez la del viento,

[El símil es doblemente apropiado, porque el viento no solo es veloz, sino que, como señala Mei Yao-ch'en, «es invisible y no deja huellas».]

tu compacidad la del bosque.

[Meng Shih se acerca más al blanco en su nota: «Cuando se marcha lentamente, deben mantenerse el orden y las filas», para guardarse de los ataques por sorpresa. Pero los bosques naturales no crecen en hileras, si bien poseen por lo general la cualidad de la densidad o compacidad.]

18. En la incursión y el saqueo, sé como el fuego,

[Cf. Shih Ching, IV. 3. iv. 6: «Feroz como un fuego llameante que ningún hombre puede contener».]

en la inmovilidad, como una montaña.

[Es decir, cuando ocupas una posición de la que el enemigo trata de desalojarte, o quizá, como dice Tu Yu, cuando él trata de atraerte a una trampa.]

19. Sean tus planes oscuros e impenetrables como la noche, y cuando te muevas, cae como un rayo.

[Tu Yu cita un dicho de T’ai Kung que ha pasado a ser proverbio: «No puedes cerrar los oídos al trueno ni los ojos al relámpago: tan rápidos son». Del mismo modo, un ataque debe realizarse con tal rapidez que no pueda ser parado.]

20. Cuando saquees una comarca, que el botín se reparta entre tus hombres;

[Sun Tzu desea reducir los abusos del saqueo indiscriminado insistiendo en que todo el botín se reúna en un fondo común, que después pueda repartirse equitativamente entre todos.]

cuando conquistes nuevo territorio, divídelo en lotes en beneficio de la soldadesca.

[Ch’en Hao dice: «aloja a tus soldados en la tierra y haz que la siembren y la planten». Actuando conforme a este principio y cosechando las tierras que invadían, los chinos lograron llevar a cabo algunas de sus expediciones más memorables y triunfales, como la de Pan Ch’ao, que penetró hasta el Caspio, y, en años más recientes, las de Fu-k'ang-an y Tso Tsung-t'ang.]

21. Medita y delibera antes de hacer un movimiento.

[Chang Yu cita a Wei Liao Tzŭ, quien dice que no debemos levantar el campamento hasta haber calibrado la capacidad de resistencia del enemigo y la astucia del general adversario. Cf. las «siete comparaciones» en I. § 13.]

22. Vencerá quien haya aprendido el artificio de la desviación.

[Véase supra, §§ 3, 4.]

Tal es el arte de la maniobra.

[Con estas palabras el capítulo llegaría naturalmente a su fin. Pero sigue ahora un largo apéndice en forma de extracto de un libro anterior sobre la guerra, hoy perdido, pero al parecer existente en la época en que escribió Sun Tzu. El estilo de este fragmento no difiere notablemente del de Sun Tzu, pero ningún comentarista pone en duda su autenticidad.]

23. El Libro de la administración del ejército dice:

[Quizá sea significativo que ninguno de los comentaristas más antiguos nos dé información alguna sobre esta obra. Mei Yao-ch'en la llama «un antiguo clásico militar», y Wang Hsi, «un viejo libro sobre la guerra». Considerando la enorme cantidad de combates que se habían librado durante siglos antes de la época de Sun Tzu entre los diversos reinos y principados de China, no es en sí improbable que en algún periodo anterior se hubiera hecho y puesto por escrito una colección de máximas militares.]

En el campo de batalla,

[Sobrentendido, aunque no figura realmente en el chino.]

la palabra hablada no llega lo bastante lejos: de ahí la institución de los gongs y los tambores. Tampoco pueden verse con suficiente claridad los objetos ordinarios: de ahí la institución de los estandartes y las banderas.

24. Los gongs y los tambores, los estandartes y las banderas, son medios por los cuales los oídos y los ojos de la hueste pueden concentrarse en un punto determinado.

[Chang Yu dice: «Si la vista y el oído convergen simultáneamente en el mismo objeto, las evoluciones de hasta un millón de soldados serán como las de un solo hombre».!]

25. Formando así la hueste un solo cuerpo unido, es imposible que el valiente avance solo o que el cobarde se retire solo.

[Chang Yu cita un dicho: «Igualmente culpables son quienes avanzan contra las órdenes y quienes se retiran contra las órdenes». Tu Mu cuenta a este respecto una historia de Wu Ch’i, cuando combatía contra el Estado de Ch’in. Antes de que comenzara la batalla, uno de sus soldados, hombre de una audacia sin par, salió por su cuenta, cobró dos cabezas al enemigo y regresó al campamento. Wu Ch’i hizo ejecutar al hombre en el acto, a lo cual un oficial se atrevió a protestar, diciendo: «Este hombre era un buen soldado y no debería haber sido decapitado». Wu Ch’i respondió: «Creo de veras que era un buen soldado, pero lo hice decapitar porque actuó sin órdenes».]

Este es el arte de manejar grandes masas de hombres.

26. En el combate nocturno, pues, haz mucho uso de fuegos de señales y de tambores, y en el combate diurno, de banderas y estandartes, como medio de influir en los oídos y los ojos de tu ejército.

[Ch’en Hao alude a la cabalgada nocturna de Li Kuang-pi hacia Ho-yang al frente de 500 jinetes; hicieron tan imponente despliegue de antorchas que, aunque el jefe rebelde Shih Ssu-ming tenía un gran ejército, no se atrevió a disputarles el paso.]

27. A todo un ejército se le puede arrebatar el ánimo;

[«En la guerra —dice Chang Yu—, si se logra que un espíritu de ira impregne a la vez todas las filas de un ejército, su acometida será irresistible. Ahora bien, el ánimo de los soldados enemigos será más vivo cuando acaban de llegar al lugar, y por eso nos conviene no combatir enseguida, sino esperar a que su ardor y su entusiasmo se hayan desgastado, y entonces golpear. Es de este modo como se les puede arrebatar su vivo ánimo». Li Ch’uan y otros cuentan una anécdota (que se encuentra en el Tso Chuan, año 10, § 1) de Ts’ao Kuei, protegido del duque Chuang de Lu. Este último Estado fue atacado por Ch’i, y el duque estaba a punto de trabar batalla en Ch’ang-cho tras el primer redoble de los tambores enemigos, cuando Ts’ao dijo: «Todavía no». Solo después de que sus tambores hubieron redoblado por tercera vez dio la orden de ataque. Entonces combatieron, y los hombres de Ch’i fueron completamente derrotados. Preguntado después por el duque sobre el sentido de su demora, Ts’ao Kuei respondió: «En la batalla, el ánimo valeroso lo es todo. Ahora bien, el primer redoble del tambor tiende a crear ese ánimo, pero con el segundo ya está menguando, y tras el tercero se ha desvanecido por completo. Ataqué cuando su ánimo se había desvanecido y el nuestro estaba en su apogeo. De ahí nuestra victoria». Wu Tzŭ (cap. 4) pone el «ánimo» en primer lugar entre las «cuatro influencias importantes» en la guerra, y prosigue: «El valor de todo un ejército, de una poderosa hueste de un millón de hombres, depende de un solo hombre: ¡tal es la influencia del ánimo!».]

a un general en jefe se le puede arrebatar su presencia de ánimo.

[Chang Yu dice: «La presencia de ánimo es el bien más importante del general. Es la cualidad que le permite disciplinar el desorden e infundir valor a los aterrados». El gran general Li Ching (571-649 d. C.) tiene un dicho: «Atacar no consiste solo en asaltar ciudades amuralladas o golpear a un ejército en orden de batalla; debe incluir el arte de quebrantar el equilibrio mental del enemigo».]

28. Ahora bien, el ánimo de un soldado es más vivo por la mañana;

[Siempre, supongo, que haya desayunado. En la batalla del Trebia, se permitió neciamente que los romanos combatieran en ayunas, mientras que los hombres de Aníbal habían desayunado con toda calma. Véase Livio, XXI, liv. 8, lv. 1 y 8.]

hacia el mediodía ha empezado a decaer; y al atardecer, su mente solo piensa en volver al campamento.

29. Un general hábil, por tanto, evita a un ejército cuando su ánimo es vivo, pero lo ataca cuando está apático y deseoso de volver. Este es el arte de estudiar los estados de ánimo.

30. Disciplinado y sereno, aguardar a que aparezcan el desorden y el tumulto entre los enemigos: este es el arte de conservar el dominio de sí.

31. Estar cerca de la meta mientras el enemigo está aún lejos de ella, esperar descansado mientras el enemigo se afana y se fatiga, estar bien alimentado mientras el enemigo pasa hambre: este es el arte de administrar las propias fuerzas.

32. Abstenerse de interceptar a un enemigo cuyas banderas están en perfecto orden, abstenerse de atacar a un ejército desplegado en formación serena y confiada: este es el arte de estudiar las circunstancias.

33. Es un axioma militar no avanzar cuesta arriba contra el enemigo ni oponérsele cuando baja la cuesta.

34. No persigas a un enemigo que simula la huida; no ataques a soldados cuyo ánimo es vivo.

35. No te tragues un cebo que te ofrezca el enemigo.

[Li Ch’uan y Tu Mu, con extraordinaria incapacidad para ver una metáfora, toman estas palabras al pie de la letra, referidas a comida y bebida envenenadas por el enemigo. Ch’en Hao y Chang Yu señalan cuidadosamente que el dicho tiene una aplicación más amplia.]

No te interpongas ante un ejército que regresa a casa.

[Los comentaristas explican este consejo bastante singular diciendo que un hombre cuyo corazón está puesto en volver a casa luchará hasta la muerte contra todo intento de cerrarle el paso, y es por tanto un adversario demasiado peligroso para enfrentarse a él. Chang Yu cita las palabras de Han Hsin: «Invencible es el soldado que tiene su deseo y vuelve hacia su hogar». En el cap. 1 del San Kuo Chi se cuenta una historia maravillosa del valor y el ingenio de Ts’ao Ts’ao. En el año 198 d. C. sitiaba a Chang Hsiu en Jang, cuando Liu Piao envió refuerzos con la intención de cortar la retirada de Ts’ao. Este se vio obligado a retirar sus tropas, solo para encontrarse encerrado entre dos enemigos que guardaban cada una de las salidas de un estrecho desfiladero en el que se había metido. En tan desesperado aprieto, Ts’ao esperó hasta el anochecer, y entonces horadó un túnel en la ladera de la montaña y tendió en él una emboscada. En cuanto hubo pasado todo el ejército enemigo, las tropas ocultas cayeron sobre su retaguardia, mientras el propio Ts’ao se volvía y hacía frente a sus perseguidores por delante, de modo que fueron sumidos en la confusión y aniquilados. Ts’ao Ts’ao dijo después: «Los bandidos intentaron detener a mi ejército en su retirada y me obligaron a combatir en una posición desesperada: por eso supe cómo vencerlos».]

36. Cuando rodees a un ejército, deja libre una salida.

[Esto no significa que haya que permitir que el enemigo escape. El objeto, como dice Tu Mu, es «hacerle creer que hay un camino de salvación, e impedir así que luche con el valor de la desesperación». Tu Mu añade con donaire: «Después de eso, puedes aplastarlo».]

No acoses demasiado a un enemigo desesperado.

[Ch’en Hao cita el dicho: «Las aves y las fieras, cuando se ven acorraladas, se sirven de sus garras y sus dientes». Chang Yu dice: «Si tu adversario ha quemado sus naves y destruido sus ollas, y está dispuesto a jugárselo todo al resultado de una batalla, no se le debe empujar a los extremos». Ho Shih ilustra el sentido con una historia tomada de la vida de Yen-ch'ing. Este general, junto con su colega Tu Chung-wei, fue rodeado por un ejército de kitanes muy superior en el año 945 d. C. El país era yermo y desértico, y la pequeña fuerza china pronto se vio en grave aprieto por falta de agua. Los pozos que excavaban se secaban, y los hombres quedaron reducidos a exprimir terrones de barro y chupar la humedad. Sus filas menguaban rápidamente, hasta que por fin Fu Yen-ch'ing exclamó: «Somos hombres desesperados. ¡Mucho mejor morir por nuestro país que ir con las manos encadenadas al cautiverio!». Soplaba a la sazón un fuerte vendaval del nordeste que oscurecía el aire con densas nubes de polvo y arena. Tu Chung-wei era partidario de esperar a que amainara antes de decidir un ataque final; pero por suerte otro oficial, de nombre Li Shou-cheng, fue más rápido en ver la oportunidad y dijo: «Ellos son muchos y nosotros pocos, pero en medio de esta tormenta de arena no se podrá distinguir nuestro número; la victoria será para quien luche con denuedo, y el viento será nuestro mejor aliado». En consecuencia, Fu Yen-ch'ing lanzó con su caballería una acometida súbita y del todo inesperada, derrotó a los bárbaros y logró abrirse paso hasta ponerse a salvo.]

37. Tal es el arte de la guerra.

[1] Véase coronel Henderson, op. cit., vol. I, p. 426.

[2] Para una serie de máximas sobre este punto, véase «Marshal Turenne» (Longmans, 1907), p. 29.