[Chang Yu intenta explicar el orden de los capítulos del siguiente modo: «El capítulo IV, sobre las disposiciones tácticas, trataba de la ofensiva y la defensiva; el capítulo V, sobre la energía, se ocupaba de los métodos directos e indirectos. El buen general se familiariza primero con la teoría del ataque y de la defensa, y luego dirige su atención a los métodos directos e indirectos. Estudia el arte de variar y combinar estos dos métodos antes de pasar a la cuestión de los puntos débiles y los puntos fuertes. Pues el empleo de los métodos directos o indirectos nace del ataque y de la defensa, y la percepción de los puntos débiles y fuertes depende a su vez de dichos métodos. Por eso el presente capítulo sigue inmediatamente al capítulo sobre la energía».]
1. Sun Tzu dijo: Quien llega primero al campo y aguarda la llegada del enemigo estará fresco para el combate; quien llega segundo al campo y ha de apresurarse a la batalla llegará agotado.
2. Por eso el combatiente hábil impone su voluntad al enemigo, pero no permite que el enemigo le imponga la suya.
[Una señal del gran soldado es que combate en sus propios términos o no combate en absoluto. [1] ]
3. Ofreciéndole ventajas, puede hacer que el enemigo se acerque por propia voluntad; o, infligiéndole daño, puede hacer imposible que el enemigo se aproxime.
[En el primer caso, lo atraerá con un cebo; en el segundo, golpeará algún punto importante que el enemigo se verá obligado a defender.]
4. Si el enemigo está descansando, puede hostigarlo;
[Este pasaje puede citarse como prueba en contra de la interpretación que Mei Yao-ch'en da de I. § 23.]
si está bien abastecido de víveres, puede rendirlo por hambre; si está tranquilamente acampado, puede obligarlo a moverse.
5. Aparece en los puntos que el enemigo debe apresurarse a defender; marcha velozmente hacia los lugares donde no se te espera.
6. Un ejército puede recorrer grandes distancias sin fatiga si marcha por un país donde no está el enemigo.
[Ts’ao Kung lo resume muy bien: «Surge del vacío [q. d. como «un rayo caído del cielo»], golpea los puntos vulnerables, evita los lugares defendidos, ataca por donde no se te espera».]
7. Puedes estar seguro del éxito de tus ataques si solo atacas lugares que no están defendidos.
[Wang Hsi explica los «lugares indefensos» como «puntos débiles; es decir, donde el general carece de capacidad o los soldados de ánimo; donde las murallas no son bastante fuertes o las precauciones no bastante estrictas; donde el socorro llega demasiado tarde, o las provisiones son demasiado escasas, o los defensores están divididos entre sí».]
Puedes asegurar la solidez de tu defensa si solo ocupas posiciones que no pueden ser atacadas.
[Es decir, donde no hay ninguno de los puntos débiles antes mencionados. La interpretación de esta última cláusula encierra una cuestión bastante sutil. Tu Mu, Ch’en Hao y Mei Yao-ch'en suponen que el sentido es: «Para que tu defensa sea del todo segura, debes defender incluso aquellos lugares que probablemente no serán atacados»; y Tu Mu añade: «¡Cuánto más, entonces, los que sí serán atacados!». Entendida así, sin embargo, la cláusula guarda menos equilibrio con la precedente, lo cual es siempre una consideración en el estilo sumamente antitético que es natural a los chinos. Chang Yu, por tanto, parece acercarse más al blanco cuando dice: «Quien es diestro en el ataque irrumpe como un relámpago desde las más altas cumbres del cielo [véase IV. § 7], haciendo imposible que el enemigo se guarde de él. Siendo así, los lugares que yo atacaré son precisamente aquellos que el enemigo no puede defender…. Quien es diestro en la defensa se oculta en los más secretos recovecos de la tierra, haciendo imposible que el enemigo calcule su paradero. Siendo así, los lugares que yo ocuparé son precisamente aquellos que el enemigo no puede atacar».]
8. Por eso es hábil en el ataque el general cuyo adversario no sabe qué defender; y es hábil en la defensa aquel cuyo adversario no sabe qué atacar.
[Un aforismo que encierra en pocas palabras todo el arte de la guerra.]
9. ¡Oh divino arte de la sutileza y del secreto! Gracias a ti aprendemos a ser invisibles, gracias a ti inaudibles;
[Literalmente, «sin forma ni sonido», pero se dice, claro está, con referencia al enemigo.]
y así podemos tener en nuestras manos el destino del enemigo.
10. Puedes avanzar y ser absolutamente irresistible si te diriges a los puntos débiles del enemigo; puedes retirarte y estar a salvo de la persecución si tus movimientos son más rápidos que los del enemigo.
11. Si deseamos combatir, el enemigo puede ser forzado a trabar combate aunque se halle al abrigo de un alto terraplén y de un foso profundo. Todo lo que tenemos que hacer es atacar algún otro lugar al que él se vea obligado a socorrer.
[Tu Mu dice: «Si el enemigo es la parte invasora, podemos cortar sus líneas de comunicación y ocupar los caminos por los que habrá de regresar; si somos nosotros los invasores, podemos dirigir nuestro ataque contra el propio soberano». Es evidente que Sun Tzu, a diferencia de ciertos generales de la reciente guerra de los bóeres, no era partidario de los ataques frontales.]
12. Si no deseamos combatir, podemos impedir que el enemigo trabe combate con nosotros aunque las líneas de nuestro campamento estén meramente trazadas sobre el suelo. Todo lo que tenemos que hacer es poner en su camino algo extraño e inexplicable.
[Esta expresión sumamente concisa la parafrasea con claridad Chia Lin: «aunque no hayamos construido ni muralla ni foso». Li Ch’uan dice: «lo desconcertamos con disposiciones extrañas e insólitas»; y Tu Mu remacha finalmente el sentido con tres anécdotas ilustrativas, una de ellas sobre Chu-ko Liang, quien, ocupando Yang-p'ing y a punto de ser atacado por Ssu-ma I, arrió de pronto sus banderas, hizo cesar el redoble de los tambores y abrió de par en par las puertas de la ciudad, mostrando solo a unos pocos hombres ocupados en barrer y regar el suelo. Este inesperado proceder tuvo el efecto buscado; pues Ssu-ma I, sospechando una emboscada, retiró efectivamente su ejército y se replegó. Lo que Sun Tzu preconiza aquí, por tanto, no es ni más ni menos que el uso oportuno del «farol».]
13. Descubriendo las disposiciones del enemigo y permaneciendo nosotros invisibles, podemos mantener concentradas nuestras fuerzas, mientras que las del enemigo habrán de dividirse.
[La conclusión quizá no sea muy evidente, pero Chang Yu (siguiendo a Mei Yao-ch'en) la explica con acierto así: «Si las disposiciones del enemigo son visibles, podemos caer sobre él en un solo cuerpo; mientras que, al mantenerse en secreto nuestras propias disposiciones, el enemigo se verá obligado a dividir sus fuerzas para guardarse de un ataque por todos los flancos».]
14. Podemos formar un solo cuerpo unido, mientras que el enemigo ha de fragmentarse en fracciones. Así, habrá un todo enfrentado a partes separadas de un todo, lo que significa que seremos muchos frente a los pocos del enemigo.
15. Y si podemos así atacar una fuerza inferior con una superior, nuestros adversarios se verán en grave aprieto.
16. El lugar donde nos proponemos combatir no debe darse a conocer; pues entonces el enemigo tendrá que prepararse contra un posible ataque en varios puntos distintos;
[Sheridan explicó una vez la razón de las victorias del general Grant diciendo que «mientras sus adversarios estaban plenamente ocupados preguntándose qué iba a hacer él, él pensaba sobre todo en lo que él mismo iba a hacer».]
y, al estar así sus fuerzas repartidas en muchas direcciones, el número de hombres al que tendremos que hacer frente en cualquier punto dado será proporcionalmente escaso.
17. Pues si el enemigo refuerza su vanguardia, debilitará su retaguardia; si refuerza su retaguardia, debilitará su vanguardia; si refuerza su izquierda, debilitará su derecha; si refuerza su derecha, debilitará su izquierda. Si envía refuerzos a todas partes, será débil en todas partes.
[En las Instrucciones a sus generales de Federico el Grande leemos: «Una guerra defensiva tiende a arrastrarnos a destacamentos demasiado frecuentes. Los generales que tienen poca experiencia intentan proteger todos los puntos, mientras que los que conocen mejor su oficio, teniendo a la vista solo el objetivo principal, se guardan de un golpe decisivo y se resignan a pequeños reveses para evitar otros mayores».]
18. La debilidad numérica proviene de tener que prepararse contra posibles ataques; la fuerza numérica, de obligar a nuestro adversario a hacer esos preparativos contra nosotros.
[El más alto arte del mando, en palabras del coronel Henderson, consiste en «obligar al enemigo a dispersar su ejército, y luego concentrar una fuerza superior contra cada fracción por turno».]
19. Conociendo el lugar y el momento de la batalla venidera, podemos concentrarnos desde las mayores distancias para combatir.
[Lo que Sun Tzu tiene evidentemente en mente es ese cálculo preciso de las distancias y ese magistral empleo de la estrategia que permiten a un general dividir su ejército para una marcha larga y rápida, y después efectuar la reunión precisamente en el lugar y a la hora justos, a fin de enfrentarse al enemigo con fuerza abrumadora. Entre las muchas reuniones afortunadas de este tipo que registra la historia militar, una de las más dramáticas y decisivas fue la aparición de Blücher justo en el momento crítico en el campo de Waterloo.]
20. Pero si no se conocen ni el momento ni el lugar, el ala izquierda será impotente para socorrer a la derecha, la derecha igualmente impotente para socorrer a la izquierda, la vanguardia incapaz de auxiliar a la retaguardia, o la retaguardia de apoyar a la vanguardia. ¡Cuánto más si las partes más alejadas del ejército distan entre sí algo menos de cien li, y aun las más próximas están separadas por varios li!
[El chino de esta última frase adolece de cierta falta de precisión, pero la imagen mental que se nos pide trazar es probablemente la de un ejército que avanza hacia un punto de reunión determinado en columnas separadas, cada una de las cuales tiene orden de estar allí en una fecha fija. Si el general permite que los diversos destacamentos avancen al azar, sin instrucciones precisas sobre el momento y el lugar de reunión, el enemigo podrá aniquilar el ejército por partes. Quizá valga la pena citar aquí la nota de Chang Yu: «Si no conocemos el lugar donde nuestros adversarios se proponen concentrarse ni el día en que trabarán batalla, nuestra unidad se perderá a causa de nuestros preparativos de defensa, y las posiciones que ocupamos serán inseguras. Al toparnos de improviso con un enemigo poderoso, nos veremos arrastrados a la batalla en estado de agitación, y no será posible ningún apoyo mutuo entre las alas, la vanguardia o la retaguardia, sobre todo si hay una gran distancia entre las divisiones delanteras y las traseras del ejército».]
21. Aunque, según mis cálculos, los soldados de Yüeh superan en número a los nuestros, eso de nada les valdrá en cuanto a la victoria. Digo, pues, que la victoria puede lograrse.
[¡Ay de estas valientes palabras! La larga contienda entre los dos estados terminó en el año 473 a. C. con la derrota total de Wu a manos de Kou Chien y su incorporación a Yüeh. Esto ocurrió sin duda mucho después de la muerte de Sun Tzu. Compárese su presente afirmación con IV. § 4. Chang Yu es el único que señala la aparente discrepancia, que pasa a explicar así: «En el capítulo sobre las disposiciones tácticas se dice: “Uno puede saber cómo vencer sin ser capaz de hacerlo”, mientras que aquí tenemos la afirmación de que “la victoria puede lograrse”. La explicación es que en el capítulo anterior, donde se trata de la ofensiva y la defensiva, se dice que si el enemigo está plenamente preparado, no se puede tener la certeza de derrotarlo. Pero el presente pasaje se refiere en particular a los soldados de Yüeh, quienes, según los cálculos de Sun Tzu, serán mantenidos en la ignorancia del momento y el lugar de la lucha inminente. Por eso dice aquí que la victoria puede lograrse».]
22. Aunque el enemigo sea superior en número, podemos impedirle combatir. Traza tus planes de modo que descubras los suyos y la probabilidad de su éxito.
[Una lectura alternativa que ofrece Chia Lin es: «Conoce de antemano todos los planes que conduzcan a nuestro éxito y al fracaso del enemigo».
23. Incítalo, y averigua el principio de su actividad o inactividad.
[Chang Yu nos dice que, observando la alegría o la ira que muestra el enemigo al verse así perturbado, podremos deducir si su política es mantenerse quieto o lo contrario. Pone como ejemplo la acción de Cho-ku Liang, que envió a Ssu-ma I el despectivo regalo de un tocado de mujer, a fin de sacarlo, a fuerza de aguijonearlo, de sus tácticas fabianas.]
Oblígalo a descubrirse, para averiguar sus puntos vulnerables.
24. Compara cuidadosamente el ejército adversario con el tuyo, para que sepas dónde la fuerza sobreabunda y dónde escasea.
[Cf. IV. § 6.]
25. Al establecer las disposiciones tácticas, el grado más alto que puedes alcanzar es ocultarlas;
[La agudeza de la paradoja se evapora en la traducción. La ocultación no es quizá tanto una invisibilidad real (véase supra § 9) como «no dar señal alguna» de lo que te propones hacer, de los planes que se forman en tu cerebro.]
oculta tus disposiciones y estarás a salvo de la curiosidad de los espías más sutiles y de las maquinaciones de los cerebros más sabios.
[Tu Mu explica: «Aunque el enemigo tenga oficiales listos y capaces, no podrán trazar ningún plan contra nosotros».]
26. Cómo puede obtenerse la victoria para ellos a partir de las propias tácticas del enemigo: eso es lo que la multitud no puede comprender.
27. Todos los hombres pueden ver las tácticas con las que venzo, pero lo que nadie puede ver es la estrategia de la que nace la victoria.
[Es decir, todo el mundo puede ver superficialmente cómo se gana una batalla; lo que no pueden ver es la larga serie de planes y combinaciones que ha precedido a la batalla.]
28. No repitas las tácticas que te han dado una victoria; deja que tus métodos se rijan por la infinita variedad de las circunstancias.
[Como observa sabiamente Wang Hsi: «No hay más que un principio fundamental en la raíz de la victoria, pero las tácticas que conducen a ella son infinitas en número». Compárese con esto al coronel Henderson: «Las reglas de la estrategia son pocas y sencillas. Pueden aprenderse en una semana. Pueden enseñarse con ejemplos familiares o una docena de diagramas. Pero tal conocimiento no enseñará a un hombre a conducir un ejército como Napoleón, del mismo modo que el conocimiento de la gramática no le enseñará a escribir como Gibbon».]
29. Las tácticas militares son semejantes al agua; pues el agua, en su curso natural, huye de los lugares altos y se apresura hacia abajo.
30. Así, en la guerra, el camino es evitar lo que es fuerte y golpear lo que es débil.
[Como el agua, siguiendo la línea de menor resistencia.]
31. El agua modela su curso según la naturaleza del terreno por el que fluye; el soldado labra su victoria en relación con el enemigo al que se enfrenta.
32. Por eso, así como el agua no conserva una forma constante, tampoco en la guerra hay condiciones constantes.
33. Quien sabe modificar sus tácticas en relación con su adversario y logra así vencer puede ser llamado un capitán nacido del cielo.
34. Los cinco elementos (agua, fuego, madera, metal, tierra) no predominan siempre por igual;
[Es decir, como dice Wang Hsi: «predominan alternativamente».]
las cuatro estaciones se ceden el paso unas a otras por turno.
[Literalmente, «no tienen asiento invariable».]
Hay días cortos y días largos; la luna tiene sus periodos de menguante y de creciente.
[Cf. V. § 6. El propósito del pasaje es simplemente ilustrar la falta de fijeza en la guerra mediante los cambios que se producen constantemente en la naturaleza. La comparación, sin embargo, no es muy feliz, porque la regularidad de los fenómenos que menciona Sun Tzu no tiene en absoluto paralelo en la guerra.]
[1] Véase la biografía de Stonewall Jackson escrita por el coronel Henderson, ed. de 1902, vol. II, p. 490.