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La energía

El arte de la guerra · Sun Tzu · traducido por Claude Opus

1. Sun Tzu dijo: El mando de una gran fuerza obedece al mismo principio que el mando de unos pocos hombres: es simplemente cuestión de dividir su número.

[Es decir, dividir el ejército en regimientos, compañías, etc., con oficiales subordinados al mando de cada uno. Tu Mu nos recuerda la famosa respuesta de Han Hsin al primer emperador Han, que una vez le dijo: «¿Qué tamaño de ejército crees que podría dirigir yo?». «No más de 100.000 hombres, Majestad». «¿Y tú?», preguntó el emperador. «¡Oh!», respondió, «cuantos más, mejor».]

2. Combatir con un gran ejército bajo tu mando no difiere en nada de combatir con uno pequeño: es simplemente cuestión de establecer signos y señales.

3. Asegurar que toda tu hueste pueda resistir el embate del ataque enemigo y permanecer inquebrantable: esto se logra mediante maniobras directas e indirectas.

[Llegamos ahora a una de las partes más interesantes del tratado de Sun Tzu, la discusión del cheng y el ch’i. Como no es en absoluto fácil captar todo el alcance de estos dos términos, ni traducirlos de manera coherente con buenos equivalentes, quizá convenga reunir algunas de las observaciones de los comentaristas sobre el tema antes de seguir adelante. Li Ch’uan: «Hacer frente al enemigo es cheng; hacer una diversión lateral es ch’i». Chia Lin: «En presencia del enemigo, tus tropas deben estar formadas de manera normal, pero para asegurar la victoria hay que emplear maniobras anormales». Mei Yao-ch’en: «El ch’i es activo, el cheng es pasivo; la pasividad significa esperar una oportunidad, la actividad trae la victoria misma». Ho Shih: «Debemos hacer que el enemigo considere nuestro ataque directo como uno secretamente urdido, y viceversa; así, el cheng puede ser también ch’i, y el ch’i puede ser también cheng». Cita la famosa hazaña de Han Hsin, quien, marchando ostensiblemente contra Lin-chin (hoy Chao-i, en Shensi), lanzó de improviso una gran fuerza a través del río Amarillo en tinas de madera, desconcertando por completo a su adversario. [Ch’ien Han Shu, cap. 3.] Aquí, se nos dice, la marcha sobre Lin-chin era cheng, y la maniobra por sorpresa era ch’i. Chang Yu da el siguiente resumen de las opiniones sobre estas palabras: «Los escritores militares no están de acuerdo en cuanto al sentido de ch’i y cheng. Wei Liao Tzŭ [siglo IV a. C.] dice: “La guerra directa favorece los ataques frontales; la guerra indirecta, los ataques por la retaguardia”. Ts’ao Kung dice: “Salir derecho a trabar batalla es una operación directa; aparecer en la retaguardia del enemigo es una maniobra indirecta”. Li Wei-kung [siglos VI y VII d. C.] dice: “En la guerra, marchar derecho adelante es cheng; los movimientos envolventes, en cambio, son ch’i”. Estos escritores consideran simplemente el cheng como cheng y el ch’i como ch’i; no advierten que ambos son mutuamente intercambiables y se funden el uno en el otro como los dos lados de un círculo [véase infra, § 11]. Un comentario sobre el emperador T’ang T’ai Tsung va a la raíz del asunto: “Una maniobra ch’i puede ser cheng si hacemos que el enemigo la vea como cheng; entonces nuestro ataque real será ch’i, y viceversa. Todo el secreto está en confundir al enemigo, de modo que no pueda sondear nuestra verdadera intención”». Por decirlo quizá con algo más de claridad: es cheng cualquier ataque u otra operación en la que el enemigo haya tenido fija su atención; mientras que es ch’i la que lo toma por sorpresa o viene de un lado inesperado. Si el enemigo percibe un movimiento que pretende ser ch’i, este se convierte inmediatamente en cheng.]

4. Que el impacto de tu ejército sea como una piedra de molino lanzada contra un huevo: esto se logra mediante la ciencia de los puntos débiles y fuertes.

5. En todo combate, el método directo puede emplearse para trabar batalla, pero se necesitarán métodos indirectos para asegurar la victoria.

[Chang Yu dice: «Desarrolla con constancia la táctica indirecta, ya sea batiendo los flancos del enemigo o cayendo sobre su retaguardia». Un brillante ejemplo de «táctica indirecta» que decidió la suerte de una campaña fue la marcha nocturna de lord Roberts en torno al Peiwar Kotal en la segunda guerra afgana. [1]

6. La táctica indirecta, aplicada con eficacia, es inagotable como el Cielo y la Tierra, interminable como el curso de ríos y arroyos; como el sol y la luna, termina solo para comenzar de nuevo; como las cuatro estaciones, pasa solo para volver una vez más.

[Tu Yu y Chang Yu entienden esto de las permutaciones de ch’i y cheng. Pero en este momento Sun Tzu no habla en absoluto del cheng, a menos, ciertamente, que supongamos con Cheng Yu-hsien que se ha perdido del texto una cláusula referida a él. Por supuesto, como ya se ha señalado, ambos están tan inextricablemente entretejidos en todas las operaciones militares que no pueden considerarse realmente por separado. Aquí tenemos simplemente una expresión, en lenguaje figurado, de los recursos casi infinitos de un gran jefe.]

7. No hay más de cinco notas musicales, y sin embargo las combinaciones de estas cinco dan lugar a más melodías de las que jamás pueden oírse.

8. No hay más de cinco colores primarios (azul, amarillo, rojo, blanco y negro), y sin embargo combinados producen más matices de los que jamás pueden verse.

9. No hay más de cinco sabores cardinales (agrio, acre, salado, dulce, amargo), y sin embargo sus combinaciones dan más sabores de los que jamás pueden gustarse.

10. En la batalla no hay más de dos métodos de ataque, el directo y el indirecto; y sin embargo estos dos, combinados, dan lugar a una serie interminable de maniobras.

11. Lo directo y lo indirecto se engendran el uno al otro por turno. Es como moverse en círculo: nunca se llega al final. ¿Quién puede agotar las posibilidades de su combinación?

12. La acometida de las tropas es como la embestida de un torrente que llega incluso a arrastrar piedras en su curso.

13. La cualidad de la decisión es como el picado oportuno de un halcón, que le permite golpear y destruir a su presa.

[El chino es aquí engañoso, y cierta palabra clave, en el contexto en que se usa, desafía los mejores esfuerzos del traductor. Tu Mu define esta palabra como «la medición o estimación de la distancia». Pero este sentido no se ajusta del todo al símil ilustrativo del § 15. Aplicando esta definición al halcón, me parece que denota aquel instinto de contención que impide al ave lanzarse sobre su presa hasta el momento oportuno, junto con la facultad de juzgar cuándo ha llegado ese momento. La cualidad análoga en los soldados es la importantísima de saber reservar el fuego hasta el instante preciso en que será más eficaz. Cuando el «Victory» entró en combate en Trafalgar a una velocidad apenas superior a la de la deriva, estuvo expuesto durante varios minutos a una tormenta de balas y granadas antes de responder con un solo cañón. Nelson esperó con calma hasta estar a corta distancia, y entonces la andanada que lanzó causó terribles estragos en los barcos enemigos más cercanos.]

14. Por eso el buen combatiente será terrible en su acometida y rápido en su decisión.

[La palabra «decisión» se referiría a la medición de la distancia antes mencionada, dejando que el enemigo se acerque antes de golpear. Pero no puedo menos de pensar que Sun Tzu quiso usar la palabra en un sentido figurado comparable a nuestra expresión «breve y contundente». Cf. la nota de Wang Hsi, que, tras describir el modo de ataque del halcón, prosigue: «Así es precisamente como debe aprovecharse el “momento psicológico” en la guerra».]

15. La energía puede compararse con el tensar de una ballesta; la decisión, con el soltar del disparador.

[Ninguno de los comentaristas parece captar el verdadero sentido del símil de la energía y de la fuerza acumulada en la ballesta tensada hasta que la libera el dedo sobre el disparador.]

16. En medio del tumulto y el fragor de la batalla, puede haber un desorden aparente y, sin embargo, ningún desorden real; en medio de la confusión y el caos, tu formación puede no tener pies ni cabeza y, sin embargo, será invulnerable a la derrota.

[Mei Yao-ch’en dice: «Fijadas de antemano las subdivisiones del ejército y convenidas las diversas señales, el separarse y el unirse, el dispersarse y el reagruparse que tendrán lugar en el curso de una batalla pueden dar la apariencia de desorden cuando ningún desorden real es posible. Tu formación puede no tener pies ni cabeza, tus disposiciones estar todas patas arriba, y aun así una desbandada de tus fuerzas queda totalmente descartada».]

17. El desorden simulado presupone una disciplina perfecta; el miedo simulado presupone valor; la debilidad simulada presupone fuerza.

[Para que la traducción resulte inteligible, es necesario atenuar la forma agudamente paradójica del original. Ts’ao Kung insinúa el sentido en su breve nota: «Todas estas cosas sirven para destruir la formación y ocultar la propia situación». Pero Tu Mu es el primero en decirlo con toda claridad: «Si deseas fingir confusión para atraer al enemigo, debes tener primero una disciplina perfecta; si deseas mostrar timidez para atrapar al enemigo, debes tener un valor extremo; si deseas hacer alarde de tu debilidad para que el enemigo se confíe en exceso, debes tener una fuerza excepcional».]

18. Ocultar el orden bajo el manto del desorden es simplemente cuestión de subdivisión;

[Véase supra, § 1.]

ocultar el valor bajo una apariencia de timidez presupone un caudal de energía latente;

[Los comentaristas entienden aquí cierta palabra china de un modo marcadamente distinto que en el resto de este capítulo. Así, Tu Mu dice: «Al ver que estamos en circunstancias favorables y, sin embargo, no hacemos ningún movimiento, el enemigo creerá que en verdad tenemos miedo».]

enmascarar la fuerza con la debilidad ha de lograrse mediante las disposiciones tácticas.

[Chang Yu refiere la siguiente anécdota de Kao Tsu, el primer emperador Han: «Deseando aplastar a los Hsiung-nu, envió espías para que informaran de su situación. Pero los Hsiung-nu, prevenidos, ocultaron cuidadosamente a todos sus hombres útiles y sus caballos bien alimentados, y solo dejaron ver soldados achacosos y ganado escuálido. El resultado fue que los espías, uno tras otro, recomendaron al emperador lanzar su ataque. Solo Lou Ching se opuso, diciendo: “Cuando dos países entran en guerra, se inclinan naturalmente a hacer ostentosa exhibición de su fuerza. Sin embargo, nuestros espías no han visto más que vejez y debilidad. Esto es sin duda alguna treta del enemigo, y sería imprudente atacar”. El emperador, no obstante, desoyendo este consejo, cayó en la trampa y se vio rodeado en Po-teng».]

19. Así, quien es diestro en mantener al enemigo en movimiento conserva apariencias engañosas, conforme a las cuales el enemigo actuará.

[La nota de Ts’ao Kung es: «Haz alarde de debilidad y de penuria». Tu Mu dice: «Si nuestra fuerza resulta ser superior a la del enemigo, puede simularse debilidad para atraerlo; pero si es inferior, hay que hacerle creer que somos fuertes, para que se mantenga alejado. De hecho, todos los movimientos del enemigo deben quedar determinados por las señales que nosotros elijamos darle». Nótese la siguiente anécdota de Sun Pin, descendiente de Sun Wu: en el año 341 a. C., el Estado de Ch’i, hallándose en guerra con Wei, envió a T’ien Chi y a Sun Pin contra el general P’ang Chuan, que era a la sazón enemigo personal mortal de este último. Sun Pin dijo: «El Estado de Ch’i tiene fama de cobardía, y por eso nuestro adversario nos desprecia. Saquemos provecho de esta circunstancia». En consecuencia, cuando el ejército hubo cruzado la frontera y entrado en territorio de Wei, ordenó que se mostraran 100 000 fuegos la primera noche, 50 000 la siguiente y solo 20 000 la noche después. P’ang Chuan los persiguió con ardor, diciéndose: «Sabía que estos hombres de Ch’i eran unos cobardes: sus efectivos ya han mermado en más de la mitad». En su retirada, Sun Pin llegó a un desfiladero angosto, al que calculó que sus perseguidores llegarían después del anochecer. Allí hizo descortezar un árbol e inscribir en él estas palabras: «Bajo este árbol morirá P’ang Chuan». Luego, al caer la noche, apostó en emboscada, cerca de allí, un fuerte cuerpo de arqueros, con orden de disparar en cuanto vieran una luz. Más tarde, P’ang Chuan llegó al lugar y, al reparar en el árbol, encendió una luz para leer lo que en él estaba escrito. Su cuerpo fue al instante acribillado por una lluvia de flechas, y todo su ejército sumido en la confusión. [Lo anterior es la versión de Tu Mu de la historia; el Shih Chi, de modo menos dramático pero probablemente con mayor verdad histórica, hace que P’ang Chuan se degüelle con una exclamación de desesperación, tras la derrota de su ejército.] ]

Sacrifica algo para que el enemigo se lance a cogerlo.

20. Ofreciéndole cebos, lo mantiene en marcha; luego, con un cuerpo de hombres escogidos, lo aguarda al acecho.

[Con una enmienda sugerida por Li Ching, el pasaje dice entonces: «Lo aguarda al acecho con el grueso de sus tropas».]

21. El combatiente hábil atiende al efecto de la energía combinada y no exige demasiado de los individuos.

[Tu Mu dice: «Considera ante todo el poder de su ejército en conjunto; después tiene en cuenta el talento individual y emplea a cada hombre según su capacidad. No exige la perfección a quien carece de talento».]

De ahí su capacidad para escoger a los hombres adecuados y aprovechar la energía combinada.

22. Cuando aprovecha la energía combinada, sus combatientes se vuelven, por así decirlo, semejantes a troncos o piedras que ruedan. Pues es propio de la naturaleza de un tronco o de una piedra permanecer inmóvil en terreno llano y moverse en una pendiente; si es cuadrado, detenerse, pero si es redondo, echar a rodar cuesta abajo.

[Ts’ao Kung llama a esto «el empleo de la fuerza natural o inherente».]

23. Así, la energía que desarrollan los buenos combatientes es como el impulso de una piedra redonda que rueda montaña abajo desde miles de pies de altura. Y basta sobre el tema de la energía.

[La principal enseñanza de este capítulo, en opinión de Tu Mu, es la importancia suprema, en la guerra, de las evoluciones rápidas y de las acometidas súbitas. «Así —añade— pueden lograrse grandes resultados con fuerzas pequeñas».]

[1] «Forty-one Years in India», capítulo 46.