[Ts’ao Kung explica el sentido chino de las palabras del título de este capítulo: «marchas y contramarchas de los dos ejércitos con el fin de descubrir cada uno la situación del otro». Tu Mu dice: «Es por las disposiciones de un ejército como puede descubrirse su situación. Oculta tus disposiciones y tu situación permanecerá secreta, lo cual conduce a la victoria; muestra tus disposiciones y tu situación se hará patente, lo cual conduce a la derrota». Wang Hsi observa que el buen general puede «asegurarse el éxito modificando su táctica para hacer frente a la del enemigo».]
1. Sun Tzu dijo: Los buenos combatientes de antaño se ponían primero fuera del alcance de la derrota, y luego esperaban la ocasión de derrotar al enemigo.
2. Asegurarnos contra la derrota está en nuestras propias manos, pero la ocasión de derrotar al enemigo la proporciona el propio enemigo.
[Es decir, por supuesto, mediante un error por parte del enemigo.]
3. Así, el buen combatiente es capaz de asegurarse contra la derrota,
[Chang Yu dice que esto se logra «ocultando la disposición de sus tropas, borrando sus huellas y tomando precauciones incesantes».]
pero no puede tener la certeza de derrotar al enemigo.
4. De ahí el dicho: Se puede saber cómo vencer sin ser capaz de hacerlo.
5. La seguridad contra la derrota implica una táctica defensiva; la capacidad de derrotar al enemigo supone tomar la ofensiva.
[Mantengo el sentido que se encuentra en un pasaje semejante en los §§ 1-3, pese a que todos los comentaristas están en mi contra. El sentido que ellos dan, «El que no puede vencer toma la defensiva», es bastante plausible.]
6. Mantenerse a la defensiva indica fuerza insuficiente; atacar, una sobreabundancia de fuerza.
7. El general diestro en la defensa se oculta en los más secretos recovecos de la tierra;
[Literalmente, «se oculta bajo la novena tierra», que es una metáfora que indica el máximo secreto y ocultamiento, para que el enemigo no sepa dónde se encuentra.]
el diestro en el ataque fulgura desde las más altas cumbres del cielo.
[Otra metáfora, que implica que cae sobre su adversario como un rayo, contra el cual no hay tiempo de prepararse. Esta es la opinión de la mayoría de los comentaristas.]
Así, por una parte tenemos la capacidad de protegernos; por otra, una victoria completa.
8. Ver la victoria solo cuando está al alcance de la vista del vulgo no es la cima de la excelencia.
[Como observa Ts’ao Kung, «lo que importa es ver la planta antes de que haya germinado», prever el acontecimiento antes de que la acción haya comenzado. Li Ch’uan alude a la historia de Han Hsin, quien, a punto de atacar al ejército muy superior de Chao, fuertemente atrincherado en la ciudad de Ch’eng-an, dijo a sus oficiales: «Señores, vamos a aniquilar al enemigo y volveremos a vernos en la cena». Los oficiales apenas tomaron en serio sus palabras y dieron un asentimiento muy dudoso. Pero Han Hsin ya había elaborado en su mente los detalles de una astuta estratagema, mediante la cual, como había previsto, pudo capturar la ciudad e infligir una aplastante derrota a su adversario.]
9. Tampoco es la cima de la excelencia combatir y vencer y que todo el Imperio diga: «¡Bien hecho!».
[La verdadera excelencia consiste, como dice Tu Mu, en «planear en secreto, moverse a escondidas, frustrar las intenciones del enemigo y desbaratar sus designios, de modo que al fin se gane la jornada sin derramar una gota de sangre». Sun Tzu reserva su aprobación para las cosas que
«el tosco pulgar y el dedo del mundo no alcanzan a sondear».
10. Levantar un pelo de otoño no es señal de gran fuerza;
[El «pelo de otoño» se explica como el pelaje de la liebre, que es más fino en otoño, cuando empieza a crecer de nuevo. La expresión es muy común en los escritores chinos.]
ver el sol y la luna no es señal de vista aguda; oír el ruido del trueno no es señal de oído fino.
[Ho Shih da como ejemplos reales de fuerza, vista aguda y oído fino a Wu Huo, que podía levantar un trípode de 250 stone; a Li Chu, que a una distancia de cien pasos podía ver objetos no mayores que un grano de mostaza; y a Shih K’uang, un músico ciego que podía oír los pasos de un mosquito.]
11. Lo que los antiguos llamaban un combatiente hábil es aquel que no solo vence, sino que sobresale en vencer con facilidad.
[La segunda mitad dice literalmente: «el que, venciendo, sobresale en vencer con facilidad». Mei Yao-ch’en dice: «El que solo ve lo evidente gana sus batallas con dificultad; el que mira bajo la superficie de las cosas gana con facilidad».]
12. Por eso sus victorias no le reportan ni fama de sabiduría ni crédito por su valor.
[Tu Mu lo explica muy bien: «Puesto que sus victorias se obtienen sobre circunstancias que no han salido a la luz, el mundo en general nada sabe de ellas, y no gana fama de sabiduría; puesto que el Estado hostil se somete antes de que haya habido derramamiento de sangre, no recibe crédito por su valor».]
13. Gana sus batallas no cometiendo errores.
[Ch’en Hao dice: «No planea marchas superfluas, no idea ataques inútiles». La conexión de ideas la explica así Chang Yu: «El que busca vencer por la pura fuerza, por hábil que sea en ganar batallas campales, está también expuesto en ocasiones a ser vencido; mientras que el que puede escrutar el futuro y discernir condiciones que aún no se han manifestado nunca cometerá un desatino y, por tanto, vencerá invariablemente».]
No cometer errores es lo que establece la certeza de la victoria, pues significa vencer a un enemigo que ya está derrotado.
14. Por eso el combatiente hábil se coloca en una posición que hace imposible la derrota, y no deja pasar el momento de derrotar al enemigo.
[Un «consejo de perfección», como observa con razón Tu Mu. La «posición» no tiene por qué limitarse al terreno efectivamente ocupado por las tropas. Comprende todas las disposiciones y preparativos que un general sabio adoptará para aumentar la seguridad de su ejército.]
15. Así es como en la guerra el estratega victorioso solo busca la batalla después de haber obtenido la victoria, mientras que el destinado a la derrota combate primero y busca la victoria después.
[Ho Shih expone así la paradoja: «En la guerra, traza primero planes que aseguren la victoria y luego conduce tu ejército a la batalla; si no empiezas por la estratagema, sino que confías solo en la fuerza bruta, la victoria ya no estará asegurada».]
16. El jefe consumado cultiva la Ley Moral y se atiene estrictamente al método y la disciplina; así está en su poder dominar el éxito.
17. En cuanto al método militar, tenemos, primero, la Medición; segundo, la Estimación de la cantidad; tercero, el Cálculo; cuarto, la Ponderación de las probabilidades; quinto, la Victoria.
18. La Medición debe su existencia a la Tierra; la Estimación de la cantidad, a la Medición; el Cálculo, a la Estimación de la cantidad; la Ponderación de las probabilidades, al Cálculo; y la Victoria, a la Ponderación de las probabilidades.
[No es fácil distinguir con mucha claridad los cuatro términos en chino. El primero parece ser el reconocimiento y la medición del terreno, que nos permiten formarnos una estimación de la fuerza del enemigo y hacer cálculos basados en los datos así obtenidos; somos llevados así a una ponderación general, o comparación de las probabilidades del enemigo con las nuestras; si estas inclinan la balanza, sobreviene la victoria. La principal dificultad reside en el tercer término, que en chino algunos comentaristas entienden como un cálculo de números, con lo cual lo hacen casi sinónimo del segundo término. Quizá el segundo término deba entenderse como una consideración de la posición o situación general del enemigo, mientras que el tercero es la estimación de su fuerza numérica. Por otra parte, Tu Mu dice: «Resuelta la cuestión de la fuerza relativa, podemos poner en juego los variados recursos de la astucia». Ho Shih secunda esta interpretación, pero la debilita. Sin embargo, apunta a que el tercer término es un cálculo de números.]
19. Un ejército victorioso frente a uno derrotado es como el peso de una libra puesto en la balanza contra un solo grano.
[Literalmente: «un ejército victorioso es como un i (20 onzas) pesado contra un shu (1/24 de onza); un ejército derrotado es un shu pesado contra un i». Se trata simplemente de la enorme ventaja que una fuerza disciplinada, enardecida por la victoria, tiene sobre otra desmoralizada por la derrota. Legge, en su nota a Mencio, I. 2. ix. 2, hace al i equivalente a 24 onzas chinas, y corrige la afirmación de Chu Hsi de que equivalía solo a 20 onzas. Pero Li Ch’uan, de la dinastía T’ang, da aquí la misma cifra que Chu Hsi.]
20. La acometida de una fuerza vencedora es como el estallido de aguas represadas que se precipitan en un abismo de mil brazas de profundidad. Hasta aquí las disposiciones tácticas.