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El lobo y el perro de la casa

Esopo para niños · Aesop · translated by AI translation (unreviewed)

Había una vez un lobo que comía muy poco porque los perros del pueblo estaban siempre muy despiertos y vigilantes. No era en realidad más que piel y huesos, y pensar en ello lo tenía muy desanimado.

Una noche este lobo se topó por casualidad con un perro de la casa, hermoso y gordo, que se había alejado un poco demasiado de su hogar. El lobo se lo habría comido de buena gana allí mismo, pero el perro parecía lo bastante fuerte como para dejarle su marca si lo intentaba. Así que el lobo le habló con mucha humildad, elogiándolo por su buen aspecto.

—Puedes estar tan bien alimentado como yo, si quieres —respondió el perro—. —Deja el bosque; ahí vives miserablemente. Si hasta tienes que luchar con todas tus fuerzas por cada bocado que consigues. Sigue mi ejemplo y te irá de maravilla.

—¿Y qué debo hacer? —preguntó el lobo.

—Casi nada —respondió el perro de la casa—. —Persigue a la gente que lleva bastón, ládrales a los mendigos y haz zalamerías a los de la casa. A cambio recibirás golosinas de toda clase: huesos de pollo, sabrosos trozos de carne, azúcar, pastel y mucho más, por no hablar de palabras cariñosas y caricias.

El lobo tuvo una visión tan hermosa de la felicidad que le esperaba que casi se echó a llorar. Pero justo entonces se fijó en que el pelo del cuello del perro estaba desgastado y la piel, rozada.

—¿Qué es eso que tienes en el cuello?

—Nada en absoluto —respondió el perro.

—¡Cómo! ¡Nada!

—¡Oh, una nadería!

—Pero, por favor, dímelo.

—Quizá veas la marca del collar al que va sujeta mi cadena.

—¡Cómo! ¡Una cadena! —exclamó el lobo—. ¿No vas a donde te apetece?

—¡No siempre! Pero ¿qué más da? —respondió el perro.

—¡Toda la diferencia del mundo! Me importan un comino tus banquetes, y no aceptaría todos los tiernos corderos del mundo a ese precio. Y el lobo salió corriendo hacia el bosque.

No hay nada que valga tanto como la libertad.