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El asno, la mesa y el palo

Cuentos de hadas ingleses · Joseph Jacobs · traducido por Claude Opus

Una vez, un muchacho llamado Jack era tan desgraciado en su casa por los malos tratos de su padre que decidió escaparse y buscar fortuna por el ancho mundo.

Corrió y corrió hasta que ya no pudo correr más, y entonces fue a darse de bruces con una viejecita que estaba recogiendo leña. Iba tan sin aliento que no pudo ni pedir perdón, pero la mujer era de buen carácter y le dijo que parecía un muchacho de provecho, así que lo tomaría a su servicio y le pagaría bien. Él aceptó, porque tenía mucha hambre, y ella lo llevó a su casa del bosque, donde la sirvió durante un año y un día.

A breathless boy nearly collides with a kindly old woman carrying a bundle of sticks on a sunlit forest path.

Cuando pasó el año, ella lo llamó y le dijo que tenía para él una buena paga. Así que le regaló un asno sacado del establo, y no tenía más que tirarle de las orejas al borrico para que enseguida empezara a hacer ¡i-aa! Y cuando rebuznaba, le caían de la boca monedas de seis peniques de plata, medias coronas y guineas de oro.

El muchacho quedó muy contento con la paga que había recibido, y se fue cabalgando hasta que llegó a una posada. Allí pidió lo mejor de todo, y cuando el posadero se negó a servirle sin cobrar por adelantado, el chico se fue al establo, le tiró de las orejas al asno y se llenó el bolsillo de dinero. El posadero lo había estado mirando todo por una rendija de la puerta, y cuando se hizo de noche le cambió al pobre muchacho su precioso borrico por un asno suyo. Así que Jack, sin saber que le habían dado el cambiazo, se marchó a la mañana siguiente cabalgando hacia la casa de su padre.

A grinning boy tugs a donkey's ears in a barn as gold and silver coins spill from its mouth while a man spies from the door.

Ahora bien, tengo que contaros que cerca de su casa vivía una pobre viuda con una hija única. El muchacho y la doncella eran muy buenos amigos y se querían de verdad; pero cuando Jack le pidió permiso a su padre para casarse con la muchacha, «Nunca, hasta que tengas dinero para mantenerla», fue la respuesta. «Eso ya lo tengo, padre», dijo el muchacho, y yendo hacia el asno le tiró de sus largas orejas; pues bien, tiró y tiró hasta que una se le quedó en las manos; pero el borrico, por más que rebuznó y rebuznó, no soltó ni medias coronas ni guineas. El padre agarró una horca de heno y echó a su hijo de casa a palos. Os aseguro que corrió. ¡Ay! Corrió y corrió hasta que se dio de golpe contra una puerta, la reventó, y allí se encontró, en el taller de un ebanista. «Pareces un muchacho de provecho», dijo el ebanista; «sírveme durante un año y un día y te pagaré bien». Así que aceptó, y sirvió al carpintero durante un año y un día. «Ahora», dijo el amo, «te daré tu paga»; y le regaló una mesa, diciéndole que no tenía más que decir «Mesa, ponte», y al instante se llenaría de montones de cosas de comer y de beber.

Jack se cargó la mesa a la espalda y se fue con ella hasta que llegó a la posada. «¡Eh, posadero!», gritó, «mi cena de hoy, y que sea de lo mejor».

«Lo siento mucho, pero en la casa no hay más que jamón y huevos.»

«¡Jamón y huevos para mí!», exclamó Jack. «Yo puedo conseguir algo mejor… ¡Vamos, mesa mía, ponte!»

Al instante la mesa se llenó de pavo y salchichas, cordero asado, patatas y verduras. El tabernero abrió mucho los ojos, pero no dijo nada, qué va.

A wooden table laden with roast turkey, sausages and vegetables amazes a wide-eyed innkeeper as a boy grins nearby.

Esa noche bajó del desván una mesa muy parecida a la de Jack y cambió una por otra. Jack, sin enterarse de nada, a la mañana siguiente se cargó a la espalda la mesa que no valía nada y se la llevó a casa. «Y ahora, padre, ¿puedo casarme con mi muchacha?», preguntó.

«No, a menos que puedas mantenerla», respondió el padre. «¡Mire usted!», exclamó Jack. «Padre, tengo una mesa que hace todo lo que yo le mando.»

«A ver, enséñamela», dijo el viejo.

El muchacho la puso en medio de la habitación y le mandó que se pusiera; pero todo fue en vano: la mesa se quedó vacía. Hecho una furia, el padre descolgó de la pared el calentador de camas y le calentó la espalda a su hijo con él, de modo que el chico salió huyendo de la casa entre aullidos, y corrió y corrió hasta que llegó a un río y se cayó dentro. Un hombre lo sacó del agua y le pidió que le ayudara a hacer un puente sobre el río; ¿y cómo creéis que lo estaba haciendo? Pues echando un árbol de orilla a orilla; así que Jack trepó hasta la copa del árbol y cargó todo su peso sobre ella, de manera que, cuando el hombre arrancó el árbol de raíz, Jack y la copa del árbol cayeron en la otra orilla.

«Gracias», dijo el hombre; «y ahora, por lo que has hecho, te voy a pagar»; y diciendo esto, arrancó una rama del árbol y la labró con su cuchillo hasta dejarla hecha un garrote. «Toma», exclamó; «llévate este palo, y cuando le digas: “¡Arriba, palo, y dale!”, derribará a cualquiera que te haga enfadar».

El muchacho se puso contentísimo con aquel palo, y se fue con él a la posada, y en cuanto apareció el tabernero, «¡Arriba, palo, y dale!», fue su grito. A esa palabra, el garrote salió volando de su mano y apaleó al viejo tabernero en la espalda, le sacudió en la cabeza, le magulló los brazos y le hizo cosquillas en las costillas, hasta que cayó gimiendo al suelo; y aun así el palo seguía moliendo a golpes al hombre tendido, y Jack no quiso llamarlo hasta que le devolvieron el asno y la mesa robados. Entonces volvió a casa al galope montado en el asno, con la mesa a hombros y el palo en la mano. Cuando llegó, se encontró con que su padre había muerto, así que metió el asno en el establo y le tiró de las orejas hasta que llenó el pesebre de dinero.

A wooden club flies through an inn to strike a tumbling innkeeper while a boy points and cheering patrons watch.

Pronto se supo por todo el pueblo que Jack había vuelto nadando en riquezas, y por eso todas las muchachas del lugar se pusieron a echarle el ojo. «Pues bien», dijo Jack, «me casaré con la muchacha más rica del lugar; así que mañana venid todas delante de mi casa con vuestro dinero en el delantal».

A la mañana siguiente la calle estaba llena de muchachas con el delantal extendido y oro y plata dentro; pero entre ellas estaba la novia de Jack, y ella no tenía ni oro ni plata, nada más que dos peniques de cobre, eso era todo lo que tenía.

«Apártate, muchacha», le dijo Jack, hablándole con aspereza. «Tú no tienes ni plata ni oro… quítate de al lado de las demás.» Ella obedeció, y las lágrimas le rodaron por las mejillas y le llenaron el delantal de diamantes.

«¡Arriba, palo, y dales!», exclamó Jack; y al punto el garrote dio un salto y, corriendo a lo largo de la fila de muchachas, les dio a todas en la cabeza y las dejó sin sentido sobre el empedrado. Jack cogió todo su dinero y lo echó en el regazo de su amada. «Ahora, muchacha», exclamó, «tú eres la más rica, y me casaré contigo».

A young man pours gold coins and diamonds into a smiling girl's apron in a village lane as other girls watch enviously.