
Una mujer estaba una noche sentada a su devanadera; y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de plantas anchas, anchas, y se sentaron junto al fuego;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de piernas chicas, chicas, y se sentaron sobre las plantas anchas, anchas;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de rodillas gordas, gordas, y se sentaron sobre las piernas chicas, chicas;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de muslos flacos, flacos, y se sentaron sobre las rodillas gordas, gordas;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de caderas enormes, enormes, y se sentaron sobre los muslos flacos, flacos;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entró una cintura chiquitita, chiquitita, y se sentó sobre las caderas enormes, enormes;

Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de hombros anchos, anchos, y se sentaron sobre la cintura chiquitita, chiquitita;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de brazos chicos, chicos, y se sentaron sobre los hombros anchos, anchos;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entraron un par de manos enormes, enormes, y se sentaron sobre los brazos chicos, chicos;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entró un cuello chico, chico, y se sentó sobre los hombros anchos, anchos;
Y seguía sentada, y seguía devanando, y seguía deseando compañía.
Entró una cabeza enorme, enorme, y se sentó sobre el cuello chico, chico.

«¿Cómo es que tienes unos pies tan anchos, anchos?», dijo la mujer.
«De mucho patear, de mucho patear» (con voz ronca).
«¿Cómo es que tienes unas piernas tan chicas, chicas?»
«¡Aih-h-h!... de tarde... y de mu-u-u-cho topo» (lloriqueando).
«¿Cómo es que tienes unas rodillas tan gordas, gordas?»
«De mucho rezar, de mucho rezar» (con devoción).
«¿Cómo es que tienes unos muslos tan flacos, flacos?»
«¡Aih-h-h!... de tarde... y de mu-u-u-cho topo» (lloriqueando).
«¿Cómo es que tienes unas caderas tan grandes, grandes?»
«De mucho sentarme, de mucho sentarme» (con voz ronca).
«¿Cómo es que tienes una cintura tan chiquitita, chiquitita?»
«¡Aih-h-h!... de tarde... y de mu-u-u-cho topo» (lloriqueando).
«¿Cómo es que tienes unos hombros tan anchos, anchos?»
«De cargar la escoba, de cargar la escoba» (con voz ronca).
«¿Cómo es que tienes unos brazos tan chicos, chicos?»
«¡Aih-h-h!... de tarde... y de mu-u-u-cho topo» (lloriqueando).
«¿Cómo es que tienes unas manos tan enormes, enormes?»
«De trillar con un mayal de hierro, de trillar con un mayal de hierro» (con voz ronca).
«¿Cómo es que tienes un cuello tan chico, chico?»
«¡Aih-h-h!... de tarde... mu-u-u-cho topo» (con pena).
«¿Cómo es que tienes una cabeza tan enorme, enorme?»
«De mucho saber, de mucho saber» (con astucia).
«¿A qué vienes?»
«¡A POR TI!» (A voz en grito, agitando el brazo y dando un pisotón).
