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Jack Hannaford

Cuentos de hadas ingleses · Joseph Jacobs · traducido por Claude Opus

The ragged old soldier Jack Hannaford walks down a country road toward a snug farmhouse, a bundle under his arm.

Había una vez un viejo soldado que había andado mucho tiempo en las guerras, tanto que iba con los codos rotos y no sabía adónde ir a ganarse la vida. Así que anduvo cuesta arriba por los páramos y cuesta abajo por las cañadas, hasta que por fin llegó a una granja de la que el buen hombre se había ido al mercado. La mujer del granjero era una mujer muy boba, que era viuda cuando él se casó con ella; el granjero también era bastante bobo, y es difícil decir cuál de los dos era el más bobo. Cuando hayáis oído mi cuento, podréis decidirlo vosotros.

Pues bien, antes de irse al mercado, le dice el granjero a su mujer: «Aquí tienes diez libras, todas en oro; guárdalas bien hasta que vuelva a casa». Si el hombre no hubiera sido un bobo, nunca le habría dado el dinero a su mujer para que se lo guardara. Bueno, allá se fue en su carro al mercado, y la mujer se dijo: «Guardaré las diez libras bien a salvo de los ladrones»; así que las envolvió en un trapo y metió el trapo chimenea arriba, en la de la sala.

—Ahí está —dijo ella—; ahora sí que no lo encontrará ningún ladrón, eso seguro.

Jack Hannaford, el viejo soldado, llegó y llamó a la puerta.

—¿Quién es? —preguntó la mujer.

—Jack Hannaford.

—¿De dónde viene usted?

—Del Paraíso.

Jack Hannaford at the farmhouse door spins a tale to the gullible goodwife, gesturing up at the sky.

—¡Válgame el Señor! ¿Y a lo mejor ha visto allí a mi viejo? —dijo, refiriéndose a su primer marido.

—Sí, lo he visto.

—¿Y cómo le va? —preguntó la buena mujer.

—Así, así; remienda zapatos viejos y no tiene más que coles para comer.

—¡Ay, pobre de mí! —exclamó la mujer. —¿Y no le dio ningún recado para mí?

—Sí que me lo dio —contestó Jack Hannaford. —Dijo que se había quedado sin cuero y que tenía los bolsillos vacíos, así que usted le tenía que mandar unos chelines para comprar cuero nuevo.

—¡Los tendrá, bendita sea su pobre alma! Y allá se fue la mujer a la chimenea de la sala, sacó de la chimenea el trapo con las diez libras y le dio la suma entera al soldado, diciéndole que su viejo usara todo lo que necesitara y le devolviera el resto.

The goodwife pulls a rag of ten gold coins from the chimney and hands it to the sly, delighted soldier.

No esperó mucho Jack después de recibir el dinero; se marchó tan deprisa como le daban las piernas.

Al rato volvió el granjero a casa y pidió su dinero. La mujer le contó que se lo había mandado con un soldado a su primer marido, que estaba en el Paraíso, para que se comprara cuero con que remendar los zapatos de los santos y los ángeles del Cielo. El granjero se puso furioso y juró que jamás se había topado con nadie tan bobo como su mujer. Pero la mujer le dijo que más bobo era él por haberle dejado el dinero.

No había tiempo que perder en palabras; así que el granjero montó en su caballo y salió al galope detrás de Jack Hannaford. El viejo soldado oyó los cascos del caballo resonando en el camino a sus espaldas y supo que tenía que ser el granjero que lo perseguía. Se tumbó en el suelo y, haciéndose sombra en los ojos con una mano, se puso a mirar al cielo, señalando hacia lo alto con la otra.

—¿Qué hace usted ahí? —preguntó el granjero, parando el caballo.

—¡Dios le guarde! —exclamó Jack—. He visto una cosa rarísima.

—¿Y qué era?

—Un hombre que subía derechito al cielo, como si fuera andando por un camino.

—¿Todavía lo ve?

—Sí, lo veo.

—¿Dónde?

—Bájese del caballo y túmbese.

—Si usted me sujeta el caballo.

Jack lo hizo de muy buena gana.

—No lo veo —dijo el granjero.

—Hágase sombra en los ojos con la mano y enseguida verá a un hombre que se aleja volando de usted.

Y bien que lo vio, porque Jack saltó al caballo y se fue con él. El granjero volvió a casa a pie, sin su caballo.

Jack Hannaford gallops away on the farmer's horse while the foolish farmer shades his eyes, staring at the sky.

—Eres más bobo que yo —dijo la mujer—; porque yo solo hice una tontería, y tú has hecho dos.