
(Cantado en honor de Rikki-tikki-tavi)
Cantor y sastre soy yo, doble es la dicha que sé; orgulloso de mi trino que sube hasta el cielo, orgulloso de la casa que coso; por encima y por debajo, así tejo mi música, así tejo la casa que coso.
¡Canta otra vez a tus polluelos, madre, alza la cabeza! El mal que nos atormentaba ha caído, la Muerte yace muerta en el jardín. ¡El terror que se escondía entre las rosas ya no puede nada: arrojado al estercolero y muerto!

¿Quién nos ha librado, quién? Decidme su nido y su nombre. Rikki, el valiente, el leal, Tikki, el de los ojos de llama, Rikk-tikki-tikki, el de colmillos de marfil, ¡el cazador de los ojos de llama!

¡Dadle las Gracias de los Pájaros, inclinándoos con la cola desplegada! Alabadlo con palabras de ruiseñor… No, mejor lo alabaré yo. ¡Oíd! ¡Os cantaré la alabanza de Rikki, el de la cola de cepillo, el de los ojos rojos!
(Aquí Rikki-tikki interrumpió, y el resto de la canción se ha perdido).
