Un gato se estaba quedando muy flaco. Como habrás adivinado, no conseguía comer lo suficiente. Un día se enteró de que unos pájaros del vecindario estaban enfermos y necesitaban un médico. Así que se puso unos anteojos y, con un maletín de cuero en la mano, llamó a la puerta de la casa de los pájaros.
Los pájaros se asomaron y el doctor Gato, con mucha solicitud, les preguntó cómo se encontraban. Estaría encantado de darles alguna medicina.
—Pío, pío —rieron los pájaros—. —Muy listo, ¿verdad? Estamos muy bien, gracias, y lo estaremos aún más si te mantienes lejos de aquí.
Sé prudente y huye del charlatán.