Hubo una vez un concurso de bebés entre los Animales del bosque. Júpiter ofrecía el premio. Por supuesto, todas las orgullosas mamás de cerca y de lejos trajeron a sus pequeños. Pero ninguna llegó antes que Mamá Mona. Con orgullo presentó a su cría entre los demás concursantes.
Como podéis imaginar, hubo una buena carcajada cuando los Animales vieron a aquella criaturita fea, de nariz chata, sin pelo y con los ojos saltones.
«Reíos si queréis», dijo Mamá Mona. «Aunque Júpiter no le dé el premio, sé que es el más lindo, el más dulce y el más querido tesoro del mundo.»
El amor de madre es ciego.