Un niño, picado por una ortiga, corrió llorando a casa para que su madre le soplara la herida y se la besara.
«Hijo —dijo la madre del niño, cuando lo hubo consolado—, la próxima vez que te acerques a una ortiga, agárrala con firmeza y será tan suave como la seda.»
Hagas lo que hagas, hazlo con todas tus fuerzas.