
Érase una vez un viejo, y una vieja, y un niño. Una mañana la vieja hizo un Pastelito de Maíz y lo metió en el horno para que se cociera. «Tú vigila el Pastelito de Maíz mientras tu padre y yo salimos a trabajar en el huerto.» Así que el viejo y la vieja salieron y se pusieron a cavar las patatas, y dejaron al niño cuidando el horno. Pero el niño no estuvo mirando todo el rato, y de repente oyó un ruido, levantó la vista, y la puerta del horno se abrió de golpe, y del horno saltó Pastelito de Maíz, y se fue rodando, dando vueltas y más vueltas, hacia la puerta abierta de la casa. El niño corrió a cerrar la puerta, pero Pastelito de Maíz fue más rápido que él y salió rodando por la puerta, escalones abajo, hasta el camino, mucho antes de que el niño pudiera atraparlo. El niño corrió tras él todo lo deprisa que pudo, llamando a gritos a su padre y a su madre, que oyeron el alboroto, tiraron las azadas y se pusieron también a perseguirlo. Pero Pastelito de Maíz les sacó a los tres mucha ventaja y pronto se perdió de vista, mientras ellos tuvieron que sentarse en un ribazo a descansar, sin aliento.
Siguió adelante Pastelito de Maíz, y al cabo de un rato llegó adonde había dos poceros, que levantaron la vista del trabajo y le gritaron: «¿Adónde vas, Pastelito de Maíz?»
Él dijo: «He dejado atrás a un viejo, y a una vieja, y a un niño, ¡y a vosotros también os dejaré atrás-s-s!»
«¿Conque sí, eh? ¿Eso ya lo veremos?», dijeron ellos; y tiraron los picos y corrieron tras él, pero no lo alcanzaron, y pronto tuvieron que sentarse a la orilla del camino a descansar.

Siguió corriendo Pastelito de Maíz, y al cabo de un rato llegó adonde había dos zanjeros cavando una zanja. «¿Adónde vas, Pastelito de Maíz?», le dijeron. Él dijo: «He dejado atrás a un viejo, y a una vieja, y a un niño, y a dos poceros, ¡y a vosotros también os dejaré atrás-s-s!»
«¿Conque sí, eh? ¡Eso ya lo veremos!», dijeron ellos; y tiraron las palas y corrieron también tras él. Pero Pastelito de Maíz pronto les tomó la delantera a ellos también, y viendo que nunca lo iban a alcanzar, dejaron la persecución y se sentaron a descansar.
Siguió adelante Pastelito de Maíz, y al cabo de un rato llegó adonde había un oso. El oso dijo: «¿Adónde vas, Pastelito de Maíz?»
Él dijo: «He dejado atrás a un viejo, y a una vieja, y a un niño, y a dos poceros, y a dos zanjeros, ¡y a ti también te dejaré atrás-s-s!»
«¿Conque sí, eh? —gruñó el oso—. ¡Eso ya lo veremos!» y trotó tan deprisa como le daban las patas tras Pastelito de Maíz, que no se paró ni una vez a mirar atrás. Al poco rato el oso se quedó tan atrás que vio que más valía dejar la caza antes que después, así que se tumbó a la orilla del camino a descansar.
Siguió adelante Pastelito de Maíz, y al cabo de un rato llegó adonde había un lobo. El lobo dijo: «¿Adónde vas, Pastelito de Maíz?» Él dijo: «He dejado atrás a un viejo, y a una vieja, y a un niño, y a dos poceros, y a dos zanjeros, y a un oso, ¡y a ti también te dejaré atrás-s-s!»
«¿Conque sí, eh? —gruñó el lobo enseñando los dientes—. ¡Eso ya lo veremos!» Y se lanzó al galope tras Pastelito de Maíz, que siguió y siguió tan deprisa que también el lobo vio que no había esperanza de alcanzarlo, y también él se echó a descansar.

Siguió adelante Pastelito de Maíz, y al cabo de un rato llegó adonde había un zorro tumbado tranquilamente en un rincón de la cerca. El zorro le gritó con voz aguda, pero sin levantarse: «¿Adónde vas, Pastelito de Maíz?»
Él dijo: «He dejado atrás a un viejo, y a una vieja, y a un niño, y a dos poceros, y a dos zanjeros, a un oso y a un lobo, ¡y a ti también te dejaré atrás-s-s!»
El zorro dijo: «No te oigo bien, Pastelito de Maíz, ¿no quieres acercarte un poquito?», ladeando un poco la cabeza.
Pastelito de Maíz paró su carrera por primera vez, se acercó un poquito y gritó con voz muy fuerte: «He dejado atrás a un viejo, y a una vieja, y a un niño, y a dos poceros, y a dos zanjeros, y a un oso, y a un lobo, ¡y a ti también te dejaré atrás-s-s!»
«No te oigo bien; ¿no quieres acercarte un poquito más?», dijo el zorro con voz débil, mientras estiraba el cuello hacia Pastelito de Maíz y se ponía una pata detrás de la oreja.
Pastelito de Maíz se acercó del todo e, inclinándose hacia el zorro, chilló: «¡HE DEJADO ATRÁS A UN VIEJO, Y A UNA VIEJA, Y A UN NIÑO, Y A DOS POCEROS, Y A DOS ZANJEROS, Y A UN OSO, Y A UN LOBO, Y A TI TAMBIÉN TE DEJARÉ ATRÁS-S-S!»
«¿Conque sí, eh?», chilló el zorro, y en un abrir y cerrar de ojos atrapó a Pastelito de Maíz con sus dientes afilados.
