
Lady Mary era joven, y Lady Mary era hermosa. Tenía dos hermanos, y más pretendientes de los que podía contar. Pero de todos ellos, el más valiente y galante era un tal señor Zorro, a quien conoció cuando estaba en la casa de campo de su padre. Nadie sabía quién era el señor Zorro; pero valiente sí que era, y rico seguro, y de todos sus pretendientes, Lady Mary solo lo quería a él. Al fin acordaron entre los dos que se casarían. Lady Mary le preguntó al señor Zorro dónde iban a vivir, y él le describió su castillo y le dijo dónde estaba; pero, cosa rara, no la invitó ni a ella ni a sus hermanos a ir a verlo.
Así que un día, poco antes de la boda, cuando sus hermanos habían salido y el señor Zorro estaba fuera un día o dos por negocios, según dijo, Lady Mary se puso en camino hacia el castillo del señor Zorro. Y después de mucho buscar, por fin llegó, y vaya casa buena y fuerte que era, con altas murallas y un foso hondo. Y cuando llegó a la entrada vio escrito en ella:

SÉ OSADA, SÉ OSADA.
Pero como la verja estaba abierta, la cruzó, y no encontró a nadie. Así que subió hasta la puerta, y encima encontró escrito:
SÉ OSADA, SÉ OSADA, MAS NO DEMASIADO OSADA.
Aun así siguió adelante, hasta que entró en el vestíbulo, y subió la ancha escalera hasta llegar a una puerta de la galería, encima de la cual estaba escrito:
SÉ OSADA, SÉ OSADA, MAS NO DEMASIADO OSADA, NO SEA QUE LA SANGRE DE TU CORAZÓN QUEDE HELADA.

Pero Lady Mary era valiente, vaya si lo era, y abrió la puerta, ¿y qué creéis que vio? Pues cuerpos y esqueletos de hermosas damas jóvenes, todos manchados de sangre. Así que Lady Mary pensó que ya era hora de salir de aquel lugar espantoso, y cerró la puerta, cruzó la galería, y justo iba a bajar la escalera y salir del vestíbulo cuando, ¿a quién había de ver por la ventana sino al señor Zorro, que arrastraba a una hermosa dama joven desde la verja hasta la puerta? Lady Mary bajó corriendo la escalera y se escondió detrás de un tonel, justo a tiempo, porque el señor Zorro entró con la pobre joven, que parecía desmayada. Justo cuando llegó cerca de Lady Mary, el señor Zorro vio un anillo de diamantes que brillaba en el dedo de la joven a la que arrastraba, e intentó quitárselo. Pero estaba muy apretado y no salía, así que el señor Zorro maldijo y juró, desenvainó la espada, la levantó y la dejó caer sobre la mano de la pobre dama. La espada le cortó la mano, que saltó por el aire y fue a caer, de todos los sitios del mundo, en el regazo de Lady Mary. El señor Zorro miró un poco a su alrededor, pero no se le ocurrió mirar detrás del tonel, así que al fin siguió arrastrando a la joven escaleras arriba hasta la Cámara Sangrienta.
En cuanto le oyó pasar por la galería, Lady Mary salió a hurtadillas por la puerta, bajó hasta la verja y corrió a casa tan deprisa como pudo.
Pues bien, resultó que al día siguiente mismo se iba a firmar el contrato de boda de Lady Mary y el señor Zorro, y antes hubo un desayuno espléndido. Y cuando el señor Zorro estuvo sentado a la mesa frente a Lady Mary, la miró. «Qué pálida estás esta mañana, querida mía.» «Sí —dijo ella—, anoche descansé mal. Tuve sueños horribles.» «Los sueños salen al revés —dijo el señor Zorro—; pero cuéntanos tu sueño, y tu dulce voz hará pasar el tiempo hasta que llegue la hora feliz.»
«Soñé —dijo Lady Mary— que ayer por la mañana fui a tu castillo, y lo encontré en el bosque, con altas murallas y un foso hondo, y encima de la verja estaba escrito:
SÉ OSADA, SÉ OSADA.
«Pero no es así, ni así fue», dijo el señor Zorro.
«Y cuando llegué a la puerta, encima estaba escrito:
SÉ OSADA, SÉ OSADA, MAS NO DEMASIADO OSADA.
«No es así, ni así fue», dijo el señor Zorro.
«Y luego subí la escalera y llegué a una galería, al fondo de la cual había una puerta, en la que estaba escrito:
SÉ OSADA, SÉ OSADA, MAS NO DEMASIADO OSADA, NO SEA QUE LA SANGRE DE TU CORAZÓN QUEDE HELADA.
«No es así, ni así fue», dijo el señor Zorro.
«Y entonces..., y entonces abrí la puerta, y la habitación estaba llena de cuerpos y esqueletos de pobres mujeres muertas, todos manchados de su sangre.»
«No es así, ni así fue. Y Dios no quiera que así sea», dijo el señor Zorro.
«Luego soñé que corría por la galería, y justo cuando iba a bajar la escalera, te vi a ti, señor Zorro, llegando a la puerta del vestíbulo, arrastrando tras de ti a una pobre dama joven, rica y hermosa.»
«No es así, ni así fue. Y Dios no quiera que así sea», dijo el señor Zorro.
«Bajé corriendo la escalera, justo a tiempo para esconderme detrás de un tonel, cuando tú, señor Zorro, entraste arrastrando a la joven del brazo. Y, al pasar a mi lado, señor Zorro, me pareció ver que intentabas quitarle el anillo de diamantes, y como no podías, señor Zorro, me pareció en mi sueño que sacabas la espada y le cortabas de un tajo la mano a la pobre dama para quedarte con el anillo.»
«No es así, ni así fue. Y Dios no quiera que así sea», dijo el señor Zorro, y ya iba a decir algo más mientras se levantaba de su asiento, cuando Lady Mary gritó:
«¡Pero sí es así, y así fue! ¡Aquí la mano y el anillo os mostraré!», y sacó la mano de la dama de entre su vestido y la apuntó derecho al señor Zorro.

Al instante sus hermanos y sus amigos desenvainaron las espadas e hicieron al señor Zorro mil pedazos.
