Un Perro había aprendido a llevarle cada día la comida a su amo. Era muy fiel a su deber, aunque el olor de las cosas ricas de la cesta lo tentaba.
Los Perros del vecindario lo vieron llevar la cesta y pronto descubrieron lo que había dentro. Hicieron varios intentos de robársela. Pero él siempre la guardaba con fidelidad.
Entonces, un día, todos los Perros del vecindario se juntaron y le salieron al paso mientras llevaba la cesta. El Perro trató de huir de ellos. Pero al final se detuvo a discutir.
Ese fue su error. Pronto lo hicieron sentir tan ridículo que soltó la cesta y agarró un gran trozo de carne asada destinado a la cena de su amo.
«Muy bien —dijo—, repartíos el resto.»
No te detengas a discutir con la tentación.