← Library

El gato y la vieja rata

Esopo para niños · Aesop · translated by AI translation (unreviewed)

Había una vez un gato tan vigilante que un ratón apenas se atrevía a asomar la punta de los bigotes por miedo a ser devorado vivo. Aquel gato parecía estar en todas partes a la vez, con las garras siempre listas para saltar. Al final, los ratones se quedaban tan encerrados en sus madrigueras que el gato comprendió que tendría que usar bien el ingenio para atrapar a uno. Así que un día trepó a un estante y se colgó de él, cabeza abajo, como si estuviera muerto, sujetándose a unas cuerdas con una sola pata.

Cuando los ratones se asomaron y lo vieron en aquella postura, pensaron que lo habían colgado allí como castigo por alguna fechoría. Al principio, muy tímidamente, sacaron la cabeza y olfatearon con cautela. Pero como nada se movía, todos salieron alegremente en tropel a celebrar la muerte del gato.

Justo entonces el gato se soltó y, antes de que los ratones se repusieran de la sorpresa, había acabado con tres o cuatro.

Ahora los ratones se quedaban en casa más estrictamente que nunca. Pero el gato, que seguía hambriento de ratones, conocía más de un truco. Revolcándose en la harina hasta quedar cubierto por completo, se tumbó en el arcón de la harina, con un ojo atento a los ratones.

En efecto, los ratones no tardaron en empezar a salir. Al gato le pareció casi como si ya tuviera un ratoncillo rollizo bajo las garras, cuando una vieja rata, que tenía mucha experiencia con gatos y trampas, y que hasta había perdido parte de la cola por ello, se irguió a una distancia prudente junto a un agujero en la pared donde vivía.

«¡Cuidado!» gritó. «Eso podrá ser un montón de harina, pero a mí me parece muchísimo el gato. Sea lo que sea, lo más sensato es mantenerse a una distancia prudente.»

Los prudentes no se dejan engañar dos veces.