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El zorro y los faisanes

Esopo para niños · Aesop · traducido por Claude Opus

Una noche de luna, mientras el señor Zorro daba su paseo habitual por el bosque, vio a unos cuantos faisanes posados, muy fuera de su alcance, en la rama de un viejo y alto árbol. El astuto zorro no tardó en encontrar un claro iluminado por la luna, donde los faisanes pudieran verlo con claridad; allí se irguió sobre las patas traseras y empezó una danza frenética. Primero giró y giró como una peonza, luego saltó arriba y abajo, haciendo toda clase de extrañas cabriolas. Los faisanes miraban embobados. Apenas se atrevían a parpadear por miedo a perderlo de vista un solo instante.

Un zorro rojo baila juguetón en un claro de luz de luna mientras varios faisanes lo observan desde una rama alta.

Ora el zorro hacía como que trepaba a un árbol, ora se dejaba caer y quedaba inmóvil, haciéndose el muerto, y al instante siguiente brincaba a cuatro patas, con el lomo al aire y su tupida cola agitándose de tal modo que parecía lanzar chispas de plata a la luz de la luna.

A esas alturas, las cabezas de los pobres pájaros daban vueltas. Y cuando el zorro empezó su función de nuevo, quedaron tan aturdidos que perdieron el equilibrio en la rama y cayeron uno tras otro a las garras del zorro.

Prestar demasiada atención al peligro puede hacernos caer víctimas de él.